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Azores día 4

Plantaciones de Chá Gorreana · Área geotermal de Furnas · Cascadas de Grená · Mosteiros

8 de octubre de 2023

Nos despertamos a las siete de la mañana con la intención de ver amanecer en la Lagoa do Fogo. En Mosteiros estaba despejadísimo así que nos pusimos en marcha, aunque teníamos claro que tal y como estaba el tiempo esa semana en São Miguel iba a ser difícil.

Nos fuimos sin desayunar porque el hotel no ofrecía desayunos antes de las 7:30 y cogimos la carretera de Sete Cidades para entrar a la Lagoa desde Ribeira Grande. Al pasar por el mirador del Pico do Carvāo paramos y vimos que Ribeira, el volcán y la zona de Vila Franca estaban totalmente cubierto de nubes y parecía que lloviendo, aun así seguimos a ver donde podíamos desayunar y replantear la mañana.

Encontramos abierta la Casa de Pasto Flor, una cafetería con despacho de pan, pequeña pero que nos sirvió dos cafés con leche (meia leite em portugués), dos pastéis de nata y dos bolos do arroz (un tipo de magdalena) riquísimos. Estaba llena de parroquianos que tomaban café y recogían el pan que tenían encargado. Al salir seguía chispeando y decidimos acercarnos a Furnas pero a medio camino vimos carteles de la fábrica de té Chá Gorreana y vimos que abrían en diez minutos. Ya teníamos la mañana arreglada, además se estaba despejando justo en esa costa.

Casa de Pasto Flor, Largo Conselheiro Artur Hintze Ribeiro 16, Ribeira Grande (GoogleTripAdvisor)

Vistas al amanecer desde el Pico do Carvão

Cuando llegamos a la fábrica de té era justo la hora de apertura y éramos los únicos clientes. La fábrica se puede ver por tu cuenta o esperar a que se forme un grupo para una visita guiada gratuita, nosotros decidimos lo segundo para que nos explicasen bien el proceso. Esperábamos que fuese un poco mejor que la visita a la destilaría de ron dos días atrás.

En quince minutos ya éramos 8 personas y el guía decidió que ya podíamos empezar. Nos hicieron un recorrido por las distintas salas de procesado, menos la de fermentación que estaban limpiándola. Fue una visita bastante breve ya que el chico no hablaba mucho inglés y se le notaba que no estaba acostumbrado a hacer de guía, aun así lo explicó todo y fue bastante ameno. Al final nos invitaron a una taza de té verde y otra de té negro, ambos estaban muy buenos, y nos hicieron pasar a la zona de la tienda. Compramos un par de bolsas de tés tanto porque estaba muy bueno como por agradecer la visita y el té gratuitos.

Entrada a Chá Gorreana

Al salir de la fábrica, estaba el sol fuera y el cielo bastante despejado y nos fuimos corriendo al otro lado de la carretera, donde tienen las plantaciones de té que se pueden visitar libremente, y así poder para grabar algunas tomas con el dron. Tuvimos mucha suerte, estuvimos solos prácticamente todo el rato, hizo sol, calor y cielo despejado.

Hicimos tomas desde varios ángulos, haciendo Antonio de modelo entre los cultivos, y luego recorrimos un pequeño sendero que sube por la ladera entre las plantaciones. Nunca habíamos visto de cerca una plantación de té y nos esperábamos plantas totalmente diferentes. Nos encantó el paseo, una de las mejores cosas que ver y hacer en São Miguel.

Panorámica de Chá Gorreana y los cultivos de té
Cultivos de té en Gorreana
Cultivos de té en Gorreana

Desde allí fuimos a Furnas, el desvío estaba a menos de un kilómetro y la carretera entre pastos estaba espectacular, con pocos coches y el cielo medio despejado y con nubes bajas. Al llegar al pueblo se volvió a nublar y cuando paramos en Caldeiras (la zona de fumarolas y calderas volcánicas que está casi dentro del núcleo urbano junto al Jardim Público da Courela), ya estaba totalmente cubierto y con niebla, lo que le daba un aspecto misterioso a la zona, con el vapor de agua, las pozas burbujeantes y el olor a azufre. Nos pareció muy curioso que aprovechaban el calor de las fumarolas para cocinar sacos llenos de mazorcas de maíz que luego vendían en los puestos cercanos.

Caldeiras de Furnas

Dimos una vuelta por las calderas, aprovechamos que no había gente para volar el dron y nos fuimos a probar una de las especialidades de la zona para almorzar, los bolos lêvedos de Glória Moniz, son una mezcla entre un pan de leche y una English mufin, hechos al hornos y muy sabrosos, nos pedimos uno pequeño cada uno relleno de queso de São Jorge y jamón dulce con dos cafés con leche. Al traérnoslo a la mesa la chica nos dijo que se habían equivocado en cocina y los habían hecho grandes, teníamos mucha hambre así que no nos importó el error.

Glória Moniz, Av. Victor Manuel Rodrigues, Furnas (Google)

Bolos Lêvedos de Glória Moniz

Nos faltaban por ver la Lagoa das Furnas y las fumarolas que hay al noreste de esta. Al llegar te cobran 3€ por persona para poder pasar con el coche y aparcar. Lo primero que hicimos es acercarnos a las fumarolas, una pequeña zona con unas cinco o seis fumarolas y pozas de lodo burbujeante en una parte y justo al lado están los pozos donde preparan los famosos cocidos das Furnas, un cocido de carne, legumbres y verduras que cocinan en unas cazuelas que meten en unos hornos hechos en el suelo para aprovechar el calor del subsuelo. Los cocinan durante horas cubiertos con mantas y tierra. Hay varios restaurantes del pueblo que los hacen allí y un rato antes de servirlos van con furgonetas a recoger las cazuelas. Es algo entre curioso y excesivamente turístico.

Fumarolas en el Lago de Furnas

A pocos metros de las fumarolas está el Parque da Grená, al que se accede pagando la friolera de 10€ por persona, fuera hay varios carteles promocionando las cascadas y rutas del parque, nosotros cometimos el error de entrar para arrepentirnos a los 5 minutos. Las rutas estás excesivamente acondicionadas con pavimento, pasarelas de madera, columpios, banquitos, todo muy artificial, además la cascada no tenía ni mucho menos el agua que mostraba la foto y eso que llevaba 4 días lloviendo en la zona. Nos pareció un auténtico timo para turistas despistados y caímos de cabeza.

Parque de Grená

Al salir empezaba a llover, así que fuimos rápido al coche y volvimos hacia Furnas, la idea era comer allí pero como habíamos almorzado mucho seguimos la ruta hasta Mosteiros.

Paramos sobre las 15h en el Restaurante 3 Arcos de Ginetes, un pequeño pueblo en la carretera de la costa oeste, a pocos kilómetros del hotel. Pedimos 2 cervezas grandes, un pescado del día (sable negro de la familia de las morenas), un bife de Vazia á regional (un filete de tapa de ternera con patatas fritas, pimientos asados y huevo frito) y una tarta de fruta de la pasión que nos dijeron que era casera, pero no lo era, y que acompañamos de dos cafés. La comida completa costó 48’60€ (tenéis más recomendaciones gastronómicas en qué comer en las Azores).

Restaurante 3 Arcos. Estrada regional n:98, Ginetes (Google)

Restaurante 3 Arcos

El resto de la tarde hizo un tiempo bastante malo así que nos quedamos en el apartamento revisando fotos y disfrutando de la paz azoriana. Cenamos unos sandwiches de jamón y queso del servicio de habitaciones, que como ya os hemos comentado es uno de los más baratos del mundo, dos sandwiches y dos cervezas locales nos costaron 6€.

Atardecer en Mosteiros Place