Corea del Sur día 13
Bukchon Hanok Village · Gyeongbokgung · Plaza de Gwanghwamun · Arroyo Cheonggyecheon · Changdeokgung · Changgyeonggung · Curso de Makgeolli en The Sool Company
20 de marzo de 2024
Nos despertamos a las 7 de la mañana con unas vistas espectaculares del amanecer sobre Ikseo-dong desde la ventana de nuestra habitación. Bajamos a desayunar, un menú bastante discreto, pero suficiente para lo que nosotros solemos tomar por la mañana: café, zumo de naranja, bollería, tostadas con mantequilla, gachas de avena con plátano… Después del desayuno, subimos a la azotea del hotel aprovechando que estaba despejadísimo para disfrutar de la panorámica de Seúl a nuestros pies. La verdad que estábamos encantados con la elección de este segundo hotel el Seúl, muy recomendable.


Para este día habíamos decidido recorrer la zona norte del centro de Seúl. Fuimos muy temprano a pasear por las calles residenciales de Bukchon Hanok Village, el barrio tradicional donde residieron los altos cargos y los miembros de la realeza en la época de la dinastía Joseon, y que a día de hoy sigue siendo un barrio residencial habitado (de los pocos que quedan en Corea, ya que la mayoría se han transformado en zonas turísticas donde las casas se han reconvertido en tiendas y restaurantes). Lo recorrimos en silencio y con mucho respeto para no molestar a los vecinos. Fue como viajar en el tiempo, además desde la parte alta del barrio tuvimos unas vistas espectaculares de toda la ciudad.

A las 9 llegamos a la puerta del primer palacio que íbamos a visitar ese día, el Gyeongbokgung, uno de los más grandes. Se suponía que habíamos comprado la entrada combinada para los palacios de Seúl (tenéis más información en la entrada qué ver y hacer en Seúl), pero se nos había olvidado en el hotel, así que tuvimos que comprar la entrada individual.
Impresiona mucho la sala principal donde se realizaban las ceremonias oficiales y lo que nos pareció más curioso fueron los tres senderos de granito en el patio central que llevaban al edificio principal, por donde caminaba el rey acompañado de toda su corte. En el resto del patio había unas piedras grabadas que indicaban donde debía colocarse cada funcionario público (Pumgyeseok), todo muy bien organizado. Además, había un montón de chicas vestidas con el traje tradicional por todo el recinto que le aportaban un plus a la visita (la entrada es gratuita si vas con él).
Se hicieron las 10 y comenzó el espectáculo teatralizado del cambio de guardia frente a la puerta principal Gwanghwamun, mucho más exagerado y multitudinario que el que habíamos visto días atrás en el palacio Deoksugung.


Cuando acabó el espectáculo, demasiado turístico para nosotros, recorrimos la gran Plaza de Gwanghwamun (nos acordamos en ese momento de una escena de la serie coreana «Recuerdos de la Alhambra» rodada en ella) y bajamos al parque del arroyo Cheonggyecheon, una zona verde recuperada en 2003, en la que antiguamente se vertían aguas residuales y por la que discurría una mega-autopista. Ahora se puede recorrer la ribera del arroyo durante unos 11 kilómetros, cruzando el centro de Seúl a través de senderos, puentes, cascadas, jardines y obras de arte al aire libre.
Tras un kilómetro y medio, salimos del parque en dirección a Ikseo-dong para recoger el pase de los palacios en el hotel, ya que nos quedaban por visitar un par más esa mañana y no queríamos seguir comprando entradas individuales.

Para entrar en calor, de camino al siguiente destino, el palacio Changdeokgung, nos compramos un café en una cafetería muy curiosa con muñequitos por todo el local. Este palacio fue uno de los que más nos gustaron, mucho más tranquilo y más pequeño que el anterior. A parte de visitar el recinto, nuestra idea era entrar al Jardín Secreto, pero no habíamos reservado con antelación y solo se podía acceder mediante visita guiada. Había en inglés, pero los turnos de ese día ya estaban completos y no queríamos volver al día siguiente. Junto a las taquillas había varios árboles que estaban empezando a florecer y un montón de fotógrafos les hacían fotos (también nos pasó en el templo Bongeunsa en el barrio de Gangnam). Los coreanos también disfrutan del hanami como los japoneses.

Justo al lado de Changdeokgung, sin salir del mismo recinto, entramos al último palacio que teníamos previsto para esa mañana, el Changgyeonggung, otro que también nos gustó. Por aquí se accedía desde atrás (porque la puerta principal estaba al lado contrario), pero está muy chulo porque el camino está sobreelevado y se van viendo todos los pabellones del palacio rodeados de vegetación con unas vistas muy chulas de la ciudad al fondo. Bajamos unas grandes escalinatas y llegamos a la zona de los pabellones principales, a los que se llegaba desde la entrada principal mediante unas puertas y un puente de piedra muy chulo, el Okcheongyo (no visitamos el cercano Santuario de Jongmyo, también incluido en el pase combinado, porque estaban rehabilitándolo).


A las 13 horas teníamos contratada una clase de elaboración de Makgeolli, la bebida tradicional coreana hecha a base de arroz. Menos mal que habíamos organizado todo para acabar en el palacio que acabábamos de visitar, porque estaba muy cerca de donde se impartía el curso y como ya eran las 12:20, teníamos que darnos prisa para comer antes de que empezara. Tuvimos suerte y justo debajo del local, encontramos un restaurante japonés que ofrecía menús a muy buenos precios y tenía buena pinta.
Nos pedimos un menú de sushi y otro de tonkatsu, venían acompañados de encurtidos, arroz, sopa miso y noodles, muy completos, riquísimos y baratísimos (21,80€, 36000KRW). Casi tenemos que engullirlos, pero los disfrutamos bien.

Subimos al piso de arriba del mismo edificio y allí nos esperaba Ye Chan, el chico de The Sool Company que daría la clase. Nos dijo que éramos los únicos apuntados, genial, sería como una clase privada de makgeolli. Después de las presentaciones, nos introdujo en el mundo de esta bebida milenaria y nos explicó la historia y los tipos de licores que se obtienen del arroz, aprendimos paso a paso el proceso de elaboración y nos lo pasamos en grande mezclando el arroz con agua y nuruk, el fermento con el que se hace el makgeolli.
Durante la clase, además de ir aprendiendo, nos dio a probar varios tipos de Makgeolli y otras bebidas de arroz, acompañados de aperitivos locales. Le hablamos de nuestro nuevo proyecto en la Sierra de Segura, el laboratorio gastronómico Silvestres (@bysilvestres, para que nos sigáis en instagram).
A las 15, acabamos la clase, nos despedimos de Ye Chan y cada uno se llevó su propia botella de makgeolli. Nos encantan este tipo de experiencias gastronómicas cuando viajamos por el mundo.

Bajamos caminando por la avenida Changgyeonggung-ro hasta nuestro hotel para reposar un poco antes de nuestra siguiente destino. Bajamos en metro hasta la parada de Myeongdong. A las 17:00 nos esperamos Sim, aquel arquitecto jubilado que había montado una pequeña cafetería a los pies del Monte Namsan que conocimos el primer día que aterrizamos en Corea.
Como ya os adelantamos ese día, volvimos a su cafetería para que nos diera una clase magistral sobre cómo preparar y servir el café al estilo coreano tal y como lo hacía él. Fue otra experiencia increíble. Nos pusimos los auriculares traductores y conectamos la aplicación Papago para poder comunicarnos. Pasamos más de dos horas y media aprendiendo el método «gota a gota manual». Sim estaba entusiasmado y no paró hasta que lo hicimos a la perfección, ya os adelantamos que cuesta lo suyo conseguir dejar caer gota a gota el agua a 92º sobre el cono de café recién molido. Nos fuimos encantados y además de los conocimientos adquiridos, nos llevamos un kit de tetera y cuchara con las que se preparaba el café.

A las 20:00, fuimos directos a las animadas callejuelas de Ikseon-dong para cenar en uno de sus restaurantes. Elegimos Changhwadang, un pequeño local con decoración retro y muy pocas mesas, donde preparaban las típicas empanadillas coreanas o mandu, rellenas de carne, kimchi, gambas, verduras… Nos pedimos dos cervezas, unas mandu de kimchi y otras de gambas, estaban muy ricas pero eran muy muy picantes. Costaron 21000KRW, unos 12,70€.
Antes de ir a descansar, dimos un pequeño paseo por el barrio, nos llamó la atención la cantidad de puestos callejeros por la calle principal de nuestro hotel instalados dentro de carpas para protegerse del frío, donde un montón de coreanos estaban hinchándose a comer y a beber.


