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Marrakech y el desierto día 7

Marrakech: Madraza Ben Youssef · Curtidurías en Bab Debbagh · Place des Épices · Souk Semmarine · Jemaa el-Fna

12 de abril de 2024

Último día del viaje, último madrugón en Marruecos. A las 6:30 estábamos ya en la azotea del riad disfrutando del amanecer sobre Marrakech. A las 8:00 nos sirvieron el desayuno y después de desayunar salimos hacia la Mezquita Kutubia, era el punto de encuentro para un free tour que había contratado Yolanda. Al llegar había muchos grupos de personas y pensamos que cada uno iría con su guía, pero cuando empezó la visita, todos íbamos juntos, seríamos unas 30 personas. Rafa ya empezó a ponerse nervioso porque semejante volumen de personas por las calles estrechas de la medina iba a ser muy agobiante.

Empezamos visitando el Mausoleo de Sidi Abdullah al Ghazuani, en honor a uno de los llamados Siete Santos considerados protectores espirituales de la ciudad. De allí fuimos callejeando detrás de la marea de gente y casi sin escuchar lo que decía el guía, con lo que nuestro enfado iba en aumento. En el Sauk Laksour parecíamos una procesión, además a nosotros lo que nos gusta es pararnos a ver todo con calma.

Mausoleo Sidi Abdellah al-Ghazwani

Cuando llegamos a la Place Ben Youssef, frente a la cúpula Almorávide, el guía se paró a pleno sol y ahí fue el momento de abandonar la visita guiada y continuar por nuestra cuenta.

Fuimos directos a la Madraza Ben Youssef, la escuela coránica más importante de Marrakech y una de las mayores de todo Marruecos, un edificio precioso y muy conservado con paredes cubiertas de zócalos con mosaicos de azulejos, paneles de yeso con mocárabes y madera de cedro tallada (decorados con motivos geométricos, florales y versículos del Corán, sin iconografía ni figuras humanas, que nos recordaron mucho al estilo nazarí de la Alhambra de Granada).En el centro hay un gran patio con una alberca rodeado de la sala de oración y varias plantas con las pequeñas celdas donde vivían los estudiantes. Una de las mejores cosas que ver en Marrakech.

Medersa Ben Youssef
Celdas de estudiantes en Medersa Ben Youssef

Desde allí nos dirigimos hacia el barrio de las curtidurías en la calle Bad Debbagh. Un chico nos vio un tanto «perdidos» y nos dijo que él mismo nos podía enseñar una de las curtidurías y nos fiamos de él (aunque siempre hay que andar con precaución, nos dio buena espina). Nos enseño todo el proceso desde que se recibe las pieles de cordero, vaca o camello, se introducen en cal y excrementos de paloma (de ahí el olor nauseabundo sobre todo cuando hace mucho calor), después se limpian retirando los restos de pelo y grasa; se introducen en cubas para curtirlas y darles color con pigmentos naturales (azafrán para el amarillo, henna para el marrón, índigo para el azul, cochinilla para el rojo…) y, por último, se dejan secar en los muros y azoteas de alrededor.

Fue muy simpático y le dimos una propina. Después de toda la visita, nos dijo que lo acompañásemos a una tienda de la cooperativa del cuero de la ciudad y que no estábamos obligados a comprar nada, pero que fuésemos y echásemos un vistazo. El local estaba repleto de artículos de muy buena calidad: babuchas, cazadoras, pantalones, puf, cinturones, bolsos,…. Nosotros no compramos nada pero el resto sí que se llevó alguna que otra prenda y estuvieron un rato regateando con los vendedores.

Curtidurías de Marrakech

Con las compras hechas, volvimos hacia la zona central de la Medina, disfrutando de los zocos y la vida cotidiana de la ciudad. Había zonas para cada gremio, tejedores, carpinteros, herreros, cesteros (donde compramos una funda de rafia natural para mantener frías las botellas), etc. Acabamos en la Place des Épices, la famosa plaza donde hay muchos puestos repletos de montañas de especias de colores y continuamos por el Zoco Semmarine, un entramado de calles cubiertas con techos de cañizo y madera con miles de puestos y tiendas de artesanía y souvenirs.

Perderse por la medina es facilísimo, pero después de haber estado en la de Fez, íbamos un poco entrenados (sobre todo tomad sitios de referencia para saber volver sobre vuestros pasos, os damos más consejos en la entrada cómo moverse en Marrakech).

Plaza de las especias en Marrakech
Zoco Semmarine en la Medina de Marrakech

Llegamos a la bulliciosa Plaza Jemaa el-Fna, el centro neurálgico de Marrakech. Vendedores ambulantes, encantadores de serpientes, tiendas de cerámica, artesanía, ropa, cafeterías con azoteas, artistas callejeros… había mucha gente aunque a esa hora no estaba tan animada como por las noches. La atravesamos viendo a lo lejos el enorme minarete de la Kutubía, con 77 metros de altura que domina el horizonte de la ciudad, de hecho ningún edificio puede ser más alto por normativa municipal (recuerda mucho a la Giralda de Sevilla, y es que fue el modelo para construir el minarete sevillano).

Plaza Jemaa el-Fna
Plaza Jemaa el-Fna y Kutubía

Queríamos comer en un sitio lo más auténtico posible, aunque en líneas generales en el centro de Marrakech se come bastante bien. Entramos a un restaurante donde solo vimos marroquíes (buena señal), con las paredes alicatadas de azulejos con detalles árabes y sillas forradas de terciopelo rojo. Pedimos tajín de pollo y verduras, cous cous de pollo y verduras, pollo asado con patadas, ternera con ciruelas, ensaladas,… Y aunque el servicio fue un poco lento, cosa que no nos importó mucho porque estábamos de vacaciones, todo estaba exquisito y a precios muy económicos.

Restaurant El Bahja. 41 Rue Bani Marine, Marrakech (Google Maps)

Restaurant El Bahja
Cous cous de pollo y verduras

Después de comer nos fuimos directos a la plaza y al zoco para hacer las últimas compras: cacharritos de cerámica para la cocina, blusa y pantalón de lino para estar frescos en verano, bolsos para las mujeres de la familia… Antonio se puso el conjunto de lino y parecía local, de hecho le hablaban en árabe y le preguntaban si era bereber, y cuando aparecía en el regateo, al vendedor le cambiaba la cara.

Dejamos las compras en el riad y Yolanda nos llevó de sorpresa a un hammam, primero limpieza con jabón de Alepo y baños de arcilla, luego sauna (donde por cierto casi nos da algo, empezamos a tener hipotensión y tuvimos que salir antes de tiempo) y por último masaje relajante.

Carteles de rutas en la medina de Marrakech

Empezaba a bajar el sol y decidimos ir a las plantas superiores de la cafetería Argana para tomarnos un café y un helado y disfrutar del atardecer en la Plaza Jemaa el-Fna. A esas horas ya empezaba a caldearse el ambiente, los puestos de comida del centro de la plaza encendían sus fuegos, la gente acudía a vivir la esencia de la ciudad mientras el sol se iba escondiendo tras los edificios. Ver la escena desde arriba era muy divertido.

El resto del grupo tenía aún la mañana siguiente para hacer más compras y recorrer la medina, pero nuestro vuelo a Valencia salía temprano por la mañana y teníamos que aprovechar esa última noche para mirar todo lo que queríamos comprar, así que nos metimos de nuevo en el meollo del zoco.

Café Restaurant Argana, Jamâa el-fnna, Number 18, Znikat Rahba, Marrakech (Google Maps)

Atardecer en la plaza Jemaa el-Fna
Tiendas en la medina de Marrakech
Plaza Jemaa el-Fna en Marrakech

Para cenar, elegimos un sitio de comida rápida muy frecuentado por jóvenes y gente local. Había una cola enorme, pero iba bastante rápido. Servían shawarma, sándwiches, hamburguesas,… con patatas fritas y ensalada como acompañamiento. Cada uno se pidió lo que quiso y tras unos 20-30 minutos de espera, recogimos el pedido y nos subimos a la azotea de nuestro riad para cenar allí tranquilos, porque la terraza del sitio y en general todas las calles de la zona de restaurantes estaban a reventar de gente.

Tras un ratito de charla en la tranquilidad de la noche, nos fuimos a dormir. Al día siguiente teníamos que estar a las 9:00 en el aeropuerto, nos acercaría Hassan con su furgoneta, y desde allí el vuelo de vuelta a casa. Había sido un viaje bastante chulo y divertido, con muchos momentos que no olvidaremos.

Zocos en Marrakech