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Marrakech y el desierto día 4

Merzouga · Ruta 4x4 por el desierto · Pueblo nómada · M´Fis · Mina de baritina · Taouz · Pista Rally Dakar · Ouzina (70 km)

9 de abril de 2024

Nos despertamos muy temprano, sobre las 6:00 y al asomarnos a la terraza, vimos que había una tormenta de arena, pero nos dio igual. Nos pusimos nuestros pañuelos bereberes y salimos a fotografiar las dunas mientras amanecía. Había mucho trajín de camellos, imaginamos que los que hacen el recorrido inverso hacia Merzouga para recoger más huéspedes.

Desayunamos con el resto sobre las 8:00 y volvimos a lo alto de las crestas de las dunas aprovechando que había bajado la intensidad del viento. Estuvimos haciendo el tonto, revolcándonos por la arena e intentando deslizarnos con tablas que prestaba el alojamiento (tarea difícil, si no imposible, aunque Germán que es el más atrevido, consiguió algo más que nosotros).

Camellos en el desierto de Merzouga
Bereberes en Merzouga

Nos recogieron en 4×4 para recorrer la zona del desierto que limita con Argelia. Conocimos a una familia nómada que se movía por esa zona, en mitad de la nada, con jaimas muy humildes donde nos ofrecieron té para protegernos de la tormenta de arena. Tenían dos hijas que no paraban de cogernos de la mano para enseñarnos todo. Increíble pensar que alguien puede vivir así a día de hoy (y más con las condiciones climatológicas del desierto, calor, tormentas de arena…), pero se les veía felices.

Junto al pueblo abandonado de M´Fis, visitamos una mina de baritina, un mineral extremadamente pesado que se usa en la industria petrolífera, química y médica. Un trabajo muy duro que se sigue haciendo de manera muy artesanal, extrayéndolo directamente de las vetas abiertas en el terreno.

Pueblo nómada
Mina de baritina

Continuamos recorriendo el desierto atravesando la tormenta de arena que por momentos iba tapando la carretera hasta llegar al siguiente destino, Ouzina. Un pequeño pueblo de casas de adobe donde la familia de Hassan nos había preparado una comida típica con ensalada de arroz y verduras y pizza bereber o madfouna, que en realidad es una especie de empanada hecha con pan ácimo y rellena de carne, huevo, cebolla, almendras y una mezcla de especias (perejil, cilantro, pimentón, comino, pimienta). Ellos estaban en Ramadán y no podían comer nada, pero aun así prepararon todo para nosotros.

Nos lo sirvieron en una gran sala con mesas bajas y asientos corridos donde se reúnen todos en las celebraciones, mientras ellos descansaban. Nos sentimos un poco mal, pero están más que acostumbrados.

Pizza bereber en Ouzina

Esa noche dormíamos en el Hotel Porte de Sahara, regentado por Hassan y su hermano gemelo Mustafá, éste último fue quien nos recibió en la recepción intentando hacerse pasar por Hassan, pero Yolanda ya nos había advertido de que eran gemelos y muy guasones. Nos ofreció té con dulces y nos enseñó el alojamiento.

El sitio era espectacular, una kasbah junto al desierto de Ouzina (mucho menos explotado que el de Merzouga), con una patio central con olivos y palmeras y habitaciones alrededor muy sencillas pero con todo lo necesario. Estaban construyendo además una zona de jaimas alrededor del edificio principal y una piscina en la azotea (que inauguraron poco después de nuestra visita).

Cuando entramos a nuestra habitación, nos acordamos de un vídeo que nos enseñaron nuestros amigos Carlos y Elvira, unos amantes de Marruecos que han creado una agencia de viajes para hacer rutas por el país en 4×4, Namara Experience). Resulta que ellos vienen mucho a este albergue y justo dormíamos en la misma habitación que estuvieron unas semanas atrás. De hecho le enseñamos a Mustafá una foto de Carlos y lo reconoció enseguida. Casualidades de la vida.

Porte de Sahara
Patio del Porte de Sahara

Si habéis leído más viajes, ya sabéis que nos encanta aprender a cocinar los platos de cada país con gente local, y este no podía ser menos. Le preguntamos a Mustafá si podíamos ver la cocina y conocer al cocinero y nos dijo que sin problemas. Suleiman era un chico bereber muy joven y vergonzoso, le explicamos un poco quiénes éramos y le mostramos nuestro proyecto Silvestres. Cuando le dijimos que queríamos que nos enseñara a preparar lo que tenía pensado de cena se sorprendió porque él consideraba que no era nadie importante y le dio un poco de respeto, pero nos pusimos manos a la obra y empezamos a preparar el tajín de pollo y verduras y la sopa harira.

Tajín de pollo y verduras en Ouzina

Después de dejar a Suleiman con todos los platos listos al fuego para que se cocinaran lentamente, nos fuimos con todo el grupo en dos todoterrenos a surfear las dunas del desierto de Ouzina, terminando en lo alto de las dunas mientras el sol se escondía en el horizonte. Nuestro conductor, Yusuf, aceleraba y aceleraba mientras recorríamos las dunas y gritaba sin parar «yallah yallah» y nosotros coreábamos con él. Significa algo así como «vamos, vamos».

Ana Belén y Rafa pensaron en lo chulo que sería rodar haciendo la croqueta por la ladera de la duna, pero cuando se lanzaron descubrieron que lo que parecía arena blandita, con cada vuelta y la inercia, se convertía en una suelo duro. La cabeza de Rafa retumbaba cada vez que giraba y se golpeaba contra la arena. Pensábamos que se había matado, menudo susto. Luego solo fueron algunos moretones pero nada grave.

A pesar de que los marroquíes no beben alcohol, nos sorprendieron con una nevera llena de cervezas bien frías para acompañar la puesta de sol. Fue un momento muy guay del viaje.

Atardecer en el desierto de Ouzina
Atardecer en el desierto de Ouzina

Cuando empezó a anochecer, emprendimos el camino de regreso al alojamiento, donde ya nos esperaban con la cena lista, la sopa y el tajín nos sentaron de lujo. Después de cenar, Mustafá y los trabajadores tocaron música bereber con unos timbales para amenizar la velada. Nos fuimos a dormir pronto, al día siguiente nos esperaba otro madrugón para seguir atravesando el desierto.

Noche en Porte de Sahara