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Islandia día 5

De Sauđarkrokur a Húsavík. Península de Tröllaskagi y Krafla

HOFSÓS – SIGLUFJÖRÐUR – ÓLAFSFJÖRÐUR – BALLENAS EN EYJAFJÖRÐUR – AKUREYRI – GOÐAFOSS – LAGUNA AZUL – ÁREA GEOTÉRMICA DE HVERIR – CRÁTER VITI – VOLCÁN KRAFLA – HÚSAVÍK – CAPE HOTEL
28 DE MAYO DE 2019

Después de dejar preparadas las maletas, nos bajamos a desayunar a las 8:15. La sala del desayuno era un semisótano cubierto de madera y decorado como una antigua sala de estar nórdica, muy acogedora. Era tipo buffet con varios tipos de quesos, salmón, trucha de la zona, fiambres, bollería variada y zumos. Nos pusimos las botas.

Salimos del hotel y vimos que estaba nevando, nos hizo bastante ilusión. Ya habíamos visto Islandia con solazo y ahora tendríamos un par de días de nevadas.

Al cargar el coche, Rafa se equivocó y abrió el coche de al lado, que se parecía mucho, se dio cuenta en el último momento que no era el nuestro y no podíamos parar de reírnos. Son demasiado confiados los islandeses dejándose el coche completamente abierto.

Pusimos rumbo a Hofsós para recorrer la península Tröllaskagi. La ruta no incluida visitar el pueblo pero entramos a curiosear y ver la piscina natural que anunciaban. Resultó ser una piscina semiolímpica de azulejos llena de gente, seguramente de agua termal pero con poco encanto, a excepción de las vistas sobre el acantilado.

Al borde de la piscina salían unas escaleras hacia el mar. Al bajar descubrimos unos acantilados de columnas de basalto chulísimos, creando unas formaciones y dibujos en el suelo iguales que la senda de los gigantes de Irlanda y con varias elevaciones en forma de escalera, nos encantó. No había nadie y pudimos estar un rato tranquilos, viendo el fiordo, las columnas y el mar. Un momento muy chulo del viaje. Os recomendamos parar aquí si pasáis por la zona.

Columnas de basalto en el puerto de Hofsós

Continuamos nuestra ruta por Tröllaskagi, recorriendo la carretera que bordea la costa, viendo acantilados, praderas llenas de ovejas lanudas y caballos. Antes de llegar a Siglufjördur nos detuvimos en el monolito que recuerda la leyenda de Floki, el vikingo noruego que descubrió y dio nombre a la isla. Tiene grabados los 3 cuervos que envió desde su embarcación para saber hacia dónde debía dirigirse.

La carretera continuaba ascendiendo «peligrosamente», ya que estaba en obras y los baches y desniveles hicieron que tuviésemos que reducir la velocidad. Para entrar y salir de Siglufjördur se pasa por una par de túneles de un solo sentido con algunos ensanches para que el coche que no tiene la preferencia pueda dejar paso. Esto si nos dio un poco más de susto, menos mal que nuestra dirección era la preferente. Hubo un momento que teníamos 7 coches de frente y tuvieron que ir buscando sitio para dejarnos pasar.

Paisajes de la península de Tröllaskagi

Abandonamos Siglufjördur atravesando los dos largos túneles de 7km cada uno (y de un solo sentido, insistimos) y llegamos a Ólafsfjördur, un pequeño pueblo pesquero a los pies de una gran montaña. Hicimos una parada para tomar algo caliente, no había parado de nevar en todo el trayecto y necesitábamos reponer fuerzas. Las vistas del pueblo con la pared montañosa de fondo y llena de nieve nos parecieron espectaculares.

Kaffi Klara, Strandgata 2, Ólafsfjörđur (TripAdvisorGoogle)

Tras otro túnel, accedimos a Eyjafjördur. Justo en el momento que Antonio leía en la Lonely Planet que era uno de los lugares de avistamiento de ballenas, vimos una gran aleta que asomaba por el agua. Sin pensárnoslo dos veces, aparcamos en un prado junto a la carretera y estuvimos viendo cómo una gran ballena se sumergía y salía a respirar varias veces. Tuvimos la suerte de llevar los prismáticos y el teleobjetivo de la cámara y pudimos verla muy bien. No podíamos creernos la suerte que habíamos tenido.

Avistamiento de una ballena desde tierra en el fiordo Eyjafjördur

Llegamos a Akureyri, la segunda ciudad más grande de Islandia después de Reykjavík. Allí repusimos provisiones para las comidas de los próximos días en el supermercado Bonus y continuamos. El pueblo no es feo pero no hay nada destacable salvo la catedral. Saliendo por la R1 hay un mirador a pie de carretera desde donde se tienen unas vistas preciosas del pueblo y el fiordo.

Condujimos unos 34 km hasta Godafoss, una cascada semicircular no muy alta pero con un gran volumen de agua. Había un gran aparcamiento (debe ponerse imposible cuando se llene de autobuses), pero cuando nosotros llegamos había una decena de coches. Desde allí se accede por un sendero a la cascada por la zona este o se puede cruzar un puente para verla desde el otro lado.

Accedimos por el sendero y bajamos para verla desde la orilla. Tuvimos la suerte de estar casi solos y poder hacernos unas cuantas fotos. Tras verla también desde la zona habilitada arriba del todo, continuamos para buscar una zona para comer. El día estaba muy nublado y con mucho viento por lo que necesitábamos un sitio resguardado.

Goðafoss

Vimos que el tiempo no mejoraba e iba a ser difícil encontrar alguna zona de picnic adecuada, así que paramos en un ensanche de la carretera con unos paneles informativos de la zona, antes de llegar al lago Myvatn, y comimos en el coche. Llevábamos preparadas unas bolsas con bocatas, tomates y algo de dulce y nos hicimos unos botes de pasta deshidratada con el agua del termo para entrar en calor. Hacía tanto viento que el coche se movía de lado a lado.

Pasamos de largo el lago porque la noche siguiente dormiríamos allí y fuimos directos a Hverir, una zona geotérmica con fumarolas y tierra azufrada de colores amarillentos. Antes de llegar hay una pequeña laguna con un color turquesa increíble que llena la carretera de vapor de agua formando una niebla espesa.

El área geotermal tiene un aparcamiento, que en ese momento estaba vacío, y da acceso directo a las pozas de lodo burbujeante y agua hirviendo a la derecha, y a una explanada con varias fumarolas enormes a la izquierda. Es una de las paradas más impresionantes del viaje, donde se tiene la sensación de estar en otro planeta. Uno de los imprescindibles que ver y hacer en Islandia.

Área geotérmica de Hverir

Después de estar no menos de una hora recorriendo las zona, viendo cada poza y cada chimenea, empezó a nevar y decidimos seguir hacia Krafla antes de que se complicase más.

El desvío hacia el volcán está a 300 metros del aparcamiento de Hverir, es una carretera con tramos sin asfaltar que da acceso a la central geotérmica de Kröflustöð. Para cruzarla hay que pasar bajo un par de enormes tuberías de agua caliente a las que le han dado forma de puerta para salvar la carretera. Tras la central se deja el desvío de los campos de lava a la izquierda y unos metros más adelante está el cráter Viti.

Para nosotros la visita es imprescindible, ya que el acceso es muy fácil, el coche lo dejas a 20 metros del borde del volcán y las vistas son chulísimas, con un fondo de agua azul intenso y, cuando nosotros estuvimos, todo el borde del cráter nevado. No pudimos estar mucho tiempo debido al fuerte viento. Volvimos por la misma carretera y aparcamos para ver los campos de lava, el cráter Krafla y el área geotérmica de Leirhnjukur.

Tiene varios recorridos y nosotros elegimos el que va directo al cráter, aún así fueron unos 45 minutos de caminata, y cada vez con más nieve. El contraste de las fumarolas y las lagunas con la nevada era precioso. Además todo los campos de lava tenían los montículos de musgo con una capa de nieve que le daba aspecto de decoración navideña.

Panorámica del crater Viti

Al final del sendero se pueden ver varias zonas con agua termal y fumarolas en terrazas y justo detrás, grandes formaciones volcánicas creando una espacio semicerrado que bien podría ser un escenario de «Juego de Tronos«.

En el área del cráter, el suelo se nota caliente y hay muchas zonas de donde sale vapor de agua. Estuvimos completamente solos, no sabemos si porque es menos conocido o porque estaba nevando.

Hicimos todo el camino de vuelta por la R1 hasta Myvatn y allí nos desviamos por la 87 hasta Húsavík, donde pasaríamos la noche en el Cape Hotel. Al día siguiente teníamos contratada una excursión para ver ballenas con North Sailing, aunque, viendo cómo estaba el tiempo, sospechábamos que no podríamos hacerla.

El hotel no tenía servicio de cena ni zona de cocina, por lo que dimos una vuelta por el pueblo bajo la nieve para ver si encontrábamos algún sitio donde pedir agua caliente para preparar, otra vez, botes de pasta deshidratada y unos bocatas. Cenamos en la habitación mientras la nieve iba cuajando en los tejados de las casas y nos dormimos pronto.

Puerto de Húsavik