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Azores día 8

Reserva Florestal do Morro Alto · Vuelo Flores-São Miguel · Ponta Delgada

12 de octubre de 2023

Tocaba volver a São Miguel, el vuelo estaba previsto a las 11:30 pero había que llegar a a Santa Cruz, repostar, devolver el coche, recuperar la fianza y, si nos daba tiempo antes de todo eso, parar en las Lagoas Negra y Comprida de nuevo.

A las 8:15 estábamos desayunando otra vez solos en el comedor, llevábamos 2 días sin ver a nadie por el hotel y eso que el aparcamiento estaba lleno. Desayunamos sin prisas, zumos, cafés, bollería, huevos revueltos, queso y fruta.

El camino desde la habitación hasta el coche cargados con las maletas, con algo de llovizna fina y las enormes piedras irregulares que formaban el antiguo adoquinado de la aldea, nos hizo acordarnos de la madre del que la había rehabilitado, estamos seguros que si siguiesen viviendo allí los habitantes originales ya habrían mejorado los adoquines.

Amaneciendo en Aldeia da Cuada

Tuvimos tiempo de sobra para ver las dos lagoas de nuevo, con muy buen tiempo y la luz de primera hora de la mañana. Llegamos a Santa Cruz a las 9:30, pusimos gasolina en una pequeña estación de servicio que encontramos antes de cruzar al aeropuerto y, ya que estábamos, hinchamos un poco una rueda porque había saltado el aviso en el cuadro de mandos y no queríamos que nos dijesen nada. Es muy habitual ver a gente, tanto locales como turistas, hinchando las ruedas del coche, imaginamos que los cambios de presión de la costa a la meseta y las cuestas donde se aparca influirán bastante en la presión de los neumáticos.

A las 10h devolvíamos el coche, tal y como teníamos pactado en el contrato, nos devolvieron la fianza sin problemas, ya que el coche estaba en perfecto estado, aunque siempre cogemos las máximas coberturas de los seguros, nunca se sabe cuando un dron va a salir volando o un coche va a patinar en una carretera.

Lagoa Negra y Comprida en la Reserva Florestal Morro Alto

Justo cuando entrábamos al mini aeropuerto, los mostradores de facturación se abrieron para el vuelo a São Miguel (solo hay dos mostradores ya que hay muy pocos vuelos a la isla). Subimos a la parte de arriba, donde se accede al arco de seguridad y la zona de embarque (también hay solo dos) y nos sentamos en la cafetería a tomar un cortado y esperar la hora de embarcar mientras comentábamos el viaje, y ya sonaba por ahí algún ¿y después de este qué?

Tanto el control como la espera para embarcar fueron muy rápidos y a las 11:30 estábamos despegando rumbo a Terceira, el avión hacía una escala de una hora en esa isla. Nos desembarcaron para hacer la escala y eso que seguiríamos en el mismo avión. La espera se nos pasó rápida leyendo y comiendo un bollo con chocolate que había sobrado del día anterior.

La llegada a São Miguel, recogida del coche con la misma empresa (Auto Ilhéu), mismo modelo de coche (un Jeep Renegade aunque en  mejor estado que el anterior) nos pareció un deja vú.

A las 14:30 llegábamos al nuevo hotel, esta vez estaba en Ponta Delgada. Era una plantación de piñas que ofrecía alojamiento, restaurante y visitas a los cultivos. Fue todo un acierto, necesitábamos un hotel más cerca de la civilización y con servicios más completos que los que habíamos tenido hasta el momento.

Nos encantó Herdade do Ananás, tanto el personal que fue super amable en todo momento, la habitación que era muy grande con una cama enorme y cómoda y un gran baño moderno y completo, el restaurante de comida excelente y el jacuzi en uno de los invernaderos.

Estar tan cerca de la capital y poder salir a pasear y tomar algo también nos vino muy bien para despejarnos de tanta vida rural excesivamente inmersiva, y eso que a nosotros nos encanta esa vida, pero no es lo mismo estar en nuestra casa del pueblo y poder hacer lo que queramos que estar en un hotel con pocos servicios, en una casa no muy cómoda y sin nada que hacer desde el atardecer, que en esa latitud es bastante pronto.

Habitación de Herdade do Ananás

Nos recomendaron un sitio para comer cerca del hotel y decidimos ir andando. Pecamos de confiados, la caminata fue larga y al llegar no encontramos el sitio, resulta que lo estábamos buscando donde no era. Vimos otro restaurante a unos 500 metros pero ya tenía la cocina cerrada y por suerte había un pequeño café con una carta de sandwiches fríos donde pudimos comer unos bollos de leche con jamón y queso que nos supieron a gloria, acompañados de dos Kima, un refresco local hecho con maracuyá. Lo mejor es que todo costó 5€.

Volvimos al hotel a esperar la hora de la visita a las plantaciones que era a las 17h, y como era pronto intentamos ir al jacuzzi pero daba tanto el sol en el invernadero que entrar en el agua caliente era un poco insoportable y nos volvimos a la habitación.

Jacuzzi en la plantación de piñas de Herdade do Ananás

La visita la hicimos con una chica que nos lo explicó todo al detalle, intentó hablar todo lo que sabía en español, nos dejó entrar a cada invernadero, fue super paciente con las fotos y nos dijo que volviésemos al jacuzzi de noche porque era más espectacular y al bajar la temperatura exterior se estaba mucho mejor.

Como acabamos la visita en el restaurante hablando de los vinos con piña que hacían allí y que nos recomendó pedir al día siguiente en la cena que habíamos reservado, le pedimos si podía hacernos algún cóctel con piña en la terraza. Nos preparó dos caipiroscas pero con ginebra, zumo de piña y lima, licor de piña, sirope y una rodajas de piña deshidratada, estaban deliciosos.

Cóctel de piña en Herdade do Ananás

A las 18:30 nos fuimos a Ponta Delgada, estuvimos recorriendo todo el centro, la catedral, la plaza donde están las históricas puertas de entrada a la ciudad, y el paseo marítimo junto al puerto deportivo, donde aprovechamos para contratar una salida en catamarán para ver cetáceos al día siguiente (sería el cuarto intento para verlos, en los anteriores viajes donde podían verse no habíamos tenido suerte: Islandia, Canadá, Tromsø y Tenerife).

Nos sentamos un rato en el paseo mientras picábamos algo para aguantar hasta la hora de la cena, teníamos reserva a las 21:30 en un restaurante vegetariano que nos había recomendado @pi_palomar, nuestra gurú hispanoportuguesa, cuando ella nos recomienda sobre Portugal hay que hacerle caso, sobretodo si es de comida.

Portas da Cidade en Ponta Delgada

A las 20h subimos hacia el restaurante por si tenían mesas disponibles antes y nos dijeron que estaba todo reservado hasta la hora de nuestra mesa y que no creían que pudiesen adelantarlo, pero casi frente al restaurante vimos una coctelería, de estas modernas con aspecto retro que tanto nos gustan y entramos a tomarnos otro cóctel, nosotros o no tomamos nada de alcohol o lo probamos todo. Nos encantan los cócteles pese a que no nos gusta abusar del alcohol, sobretodo aquellos que tiene algo de experiencia gastronómica, no solo una mera mezcla de alcoholes.

Pedimos un Bloody Mary a la antigua usanza y un Drunken Ben, un cóctel a base de ginebra con toques de maíz y miel, que estaban deliciosos. Con esto hicimos tiempo y preparamos el estómago hasta le cena.

Résvés. R. de Pedro Homem 10, Ponta Delgada (TripAdvisorGoogle)

Coctelería Résvés

La carta del restaurante Rotas da Ilha Verde era toda lácteo-vegetariana, no muy extensa pero con muy buena pinta. Pedimos dos sopas de coliflor, unos espárragos blancos asados con puré de castañas, canelones de calabacín rellenos de soja y boniato con ensalada, y de postre un crumble de manzana. Nos costó la cena 38€ con agua filtrada para beber (os dejamos más recomendaciones en la entrada qué comer en las Azores y dónde).

Al volver al hotel nos acercamos a ver el jacuzzi, que era mucho más chulo a esas horas y decidimos que al día siguiente nos pegaríamos un baño después de cenar.

Rotas da Ilha Verde. R. de Pedro Homem 49, Ponta Delgada (TripAdvisorGoogle)

Cena en Rotas da Ilha Verde