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Azores día 9 y 10

Avistamiento de ballenas · Ponta Delgada · Plantación de piñas · Vuelo São Miguel-Lisboa-Valencia

13 de octubre de 2023

La salida en catamarán era a las 9 por lo que bajamos a primera hora a desayunar al hotel, abrían a las 8h. Nos sentamos solos en el comedor y nos pusieron en la mesa una bandeja con quesos, fiambres y membrillo, otra con un montón de fruta variada, una cesta con panes locales, tortitas y bollería, una caja con mermeladas, miel y crema de cacao y unos botes de cereales. En un aparador había zumos frescos, cafés y tés para servirse uno mismo y nos ofrecieron hacernos huevos o tortillas, pero había tanta comida sobre la mesa que dijimos que no (y más cuando en un rato íbamos a estar navegando…).

Desayuno en Herdade do Ananás

Dejamos el coche en la zona azul cerca del puerto y llegamos a la hora en punto al mostrador de Futurismo donde se hacía el check-in de la excursión. Había bastante gente cosa que nos asustó un poco. Nos metieron en una sala de la cubierta inferior para darnos unas indicaciones y explicarnos en que consistiría el avistamiento y nos dejaron movernos por el barco libremente. Nosotros fuimos a la parte descubierta de arriba, junto al capitán, desde donde teníamos una vistas perfectas y maniobrabilidad para las fotos.

Una vez repartidos, había mucho espacio en el barco y nos relajamos bastante, odiamos las aglomeraciones y las excursiones multitudinarias pero en ese caso ni se notaba la cantidad de gente.

El barco tomó rumbo al este pasando por Lagoa y Caloura, donde vimos los primeros cetáceos, delfines mulares, un grupo de unos diez o doce ejemplares con crías. Cuando se alejaron, seguimos rumbo hacia Vila Franca, donde alguno de los avistadores que las empresas tienen en las costas de la isla había avisado que podía haber cachalotes.

Delfines en Azores

A varios kilómetros mar adentro frente a la costa de Vila Franca vimos un grupo de seis cachalotes entre adultos y crías que estuvieron un buen rato a nuestro lado, ¡por fin conseguíamos ver ballenas!

Durante más de media hora estuvimos cerca de ellos, hasta que, según explicó una de las biólogas de la expedición, una vez sacan la cola completa para impulsarse hacia el fondo pueden estar sumergidas hasta 45 minutos y desapareció el grupo completo. Llevábamos más de dos horas de travesía y había que volver a Ponta Delgada.

A la vuelta vimos un par de ejemplares de delfines comunes pero se alejaron rápido y un poco antes de las 13h desembarcábamos. Nos ofrecieron un té de Chá Gorreana para calmar el estómago, nos sorprendió la cantidad de gente que se mareó, no habían parado de repartir bolsas para vomitar. Menos mal que por suerte a nosotros no nos afecta el mar.

Cachalote en Azores

Nos sentamos en una terraza del centro a comer algo, estábamos hambrientos, el mar siempre nos da hambre. El local tenía una carta de brunch y almuerzos a mediodía que no era muy extensa pero nos valía. Pedimos un risotto de setas para Antonio y un filete de ternera con salsa de queso y picadillo de chorizo que le recomendó el camarero a Rafa. Todo estaba muy bueno menos el punto y corte de la carne, para la calidad de las vacas de la isla no habíamos conseguido comer una pieza en condiciones. Aquella estaba bastante dura y parecía cortada al través, menos mal que la salsa y las patatas de guarnición lo compensaban bastante. Pedimos un postre que nos llamó la atención, se llamaba hortensia y era un tarta pavlova con merengue de violetas, frutos rojos y crema de queso imitando una flor de hortensia.

La comida fue bastante cara para lo que estábamos acostumbrados durante el viaje, pero estábamos en la zona más turística de la isla por lo que nos pareció normal el abuso.

Terras. R. Hintze Ribeiro 29, Ponta Delgada (TripAdvisorGoogle)

Comida en Terras

Dimos un paseo por el centro de la ciudad y nos acercamos a ver el Mercado da Graça, siempre nos gusta ir a los mercados de abastos allí donde vamos. El edificio era chulo con una estructura metálica pero estaba de obras y los puestos los habían tenido que instalar en el aparcamiento subterráneo que hay justo debajo, con lo que perdía un poco el encanto. Aún así, estuvimos cotilleando los puestos de verduras y frutas y pensando en comprar alguna semilla para intentar cultivar aquí en España.

Mercado da Graça

Después de descansar en el hotel, hicimos un intento de ver la Lagoa do Fogo pero al acercarnos por la autovía ya vimos que sería imposible. Arriba tuvimos uno de los tramos con más niebla de todo el viaje, no pudimos ver ni los miradores, así que ni siquiera paramos, subimos por el sur del pico y bajamos por la zona norte hacia Ribeira y de allí enfilamos de nuevo al hotel.

Al llegar pudimos ir al jacuzzi ya que no había gente dentro, se estaba mucho mejor que el día anterior, ya estaba anocheciendo por lo que no hacía calor fuera y la luz de la piscina iluminaba el invernadero, todo muy chulo.

Jacuzzi en Herdade do Ananás

Estuvimos haciendo tiempo hasta la hora de la cena mientras hacíamos las maletas, al día siguiente tocaba volver a casa.

Bajamos a cenar a las 21h, teníamos la mesa reservada del día anterior y menos mal porque la sala estaba completa a excepción de nuestra mesa. Pedimos el vino de piña para probarlo, agua, una fondue de queso local servida en un bolo lêvedo y dos platos de pasta. De postre nos pusieron un brownie de chocolate con helado y pedimos dos tés verdes con menta, la mezcla no la habían oido nunca y la chica se sorprendió al pedírsela, de hecho nos preguntó al final si estaba bien. La cena costó 58€ con vino incluido, que por cierto estaba bastante bueno, quizá algo seco pero nos sentó mejor que los vinos de uva.

El hotel había sido un acierto, hicimos el check-out allí mismo para poder salir más rápido al día siguiente y nos fuimos a dormir.

Fondue de queso en bolo lêvedo, Herdade do Ananás

El día de vuelta se hizo muy largo, al llegar al aeropuerto de Ponta Delgada tras dejar el coche de alquiler, tuvimos que hacer casi una hora de cola para embarcar, esperar otra hora para el vuelo hasta Lisboa que fue de más de dos horas. Íbamos con una familia de Valencia muy divertida, eran 16 y llevaban entre ellos 1 bebé, 4 niños de menos de 5 años y tres adolescentes; nos tocó al lado la madre con el bebé que no dejó de jugar con Rafa en todo el vuelo.

La escala en Lisboa fue corta, de 1h en la que pudimos comer algo, pero el vuelo tardó más de hora y media en despegar por un fallo en la radio del avión. Llegamos con retraso a Valencia y como acababa de estallar la guerra en la Franja de Gaza, la salida de equipajes iba muy lenta, nos dijeron que revisaban todos los equipajes de cada vuelo al aterrizar, cuando normalmente solo se hace al embarcar. No llegamos a casa hasta las 21h de la noche, cansadísimos, menos mal que era sábado y teníamos todo el domingo para descansar antes de volver a la rutina.

Vuelo de vuelta de las Azores