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Azores día 6

Rocha dos Bordões · Fajã do Lopo Vaz · Lajes · Ilhéu Furado · Santa Cruz · Poço do Bacalhau · Fajazinha

10 de octubre de 2023

Pudimos dormir hasta las 8h a pesar del deshumidificador que había en la habitación para controlar el 90% de humedad relativa dentro de la cabaña, y que había estado haciendo ruido hasta que lo apagamos a las cinco de la madrugada. La cama era pequeña pero cómoda y hacía mucho menos frío del que pensábamos.

En treinta minutos ya estamos en el comedor del hotel para el desayuno, era tipo bufé con una carta de platos calientes, como huevos de varias formas, tortitas y gofres. Tomamos un par de zumos frescos de naranja con maracuyá, dos cafés con leche, algo de bollería, unos huevos revueltos y unas tortitas.

Desayuno en Aldeia da Cuada

Salimos rumbo a la costa sureste para hacer el sendero de Fajã de Lopo Vaz, pero de camino vimos la Rocha dos Bordōes. Hay una recta con un mirador perfecto para poder verla de frente, es una gran roca basáltica con las típicas formaciones hexagonales de este tipo de mineral.

Un poco más adelante, en la primera curva, vimos una cascada medio escondida y otro ensanchamiento en la carretera y nos paramos también a verla, igual que en algún que otro mirador que se asomaba a los farallones de la costa. Lo que nos gusta de los viajes en coche es esto, poder ir relajados parando en cada punto que nos llama la atención.

Miradouro Baía do Mosteiro

El sendero que baja hasta la playa de la Fajã de Lopo Vaz sale desde lo alto de los acantilados, hay una zona para aparcar y un merendero con varias señalizaciones de la ruta y las características del terreno, clima, etc.

Estábamos solos cuando llegamos y empezamos a bajar y eso nos suele hacer mucha ilusión, poder hacer esas rutas completamente solos, al menos durante un buen rato. Era una bajada con bastante desnivel que se salva con una primera parte de ruta en pendiente y una segunda de escaleras hasta casi el nivel del mar, pero las vistas merecían mucho la pena.

Al llegar abajo ya nos habían adelantado un par de personas, solemos caminar rápido pero tardamos en hacer las rutas por la cantidad de veces que nos paramos a hacer fotos y ese día no era una excepción. En la playa había una casa bastante bien cuidada y un sendero que continuaba en llano unos quinientos metros más. Nosotros no la continuamos, preferimos volver al coche para poder ver más cosas aprovechando que hacía buen día, de momento. La subida fue más dura que la bajada.

Sendero a la Fajã do Lopo Vaz
Fajã do Lopo Vaz

Seguimos hacia el este, parando en Lajes para comprar cosas para merendar y cenar en el hotel, ya que la única opción era el restaurante del hotel y la carta era muy corta como para cenar allí las tres noches.

Pasamos Santa Cruz parando en varios miradores durante el camino (desde donde se veía la isla de Corvo) y llegamos hasta el miradouro do Ilhéu Furado, al pasar el pueblo de Cedros. Desde el mirador en lo alto de los acantilados se ve el pequeño islote agujereado y detrás toda la costa oeste hasta Santa Cruz (uno de nuestros preferidos que ver y hacer en Flores).

Es una aldea con mucho encanto, los vecinos han creado un museo etnográfico (Museu do Machado) justo al subir del mirador con los enseres que se usaban antiguamente en las casas de la isla, la entrada es gratuita y hay un libro de firmas y un pequeño buzón para dejar la voluntad y ayudar al mantenimiento.

Ilhéu Furado

Si comer bien en São Miguel nos había supuesto un problema, en Flores el problema se acentuaba bastante, nos costó encontrar un restaurante, tuvimos que ir hasta Santa Cruz y las opciones eran pocas, nos decidimos por O Moreão, un sitio con la carta típica de Azores: lapas, gambas, pescados del día y algo de carne, todo a la plancha o parrilla. Pedimos unas gambas (que ya nos advirtieron que no eran frescas, pero Antonio se negaba a comer lapas), un pescado de la familia del besugo de nombre impronunciable y dos cervezas, para terminar nos pusieron un trozo de tarta de queso y fruta de la pasión, al parecer la opción de postres se la curran poco, y dos cafés. La comida fue la más cara del viaje, 75€ pero por lo menos el pescado fue el único que estaba algo jugoso.

O Moreão. R. Dr. Armas da Silveira, Santa Cruz das Flores (TripAdvisorGoogle)

Comida en O Moreão, Santa Cruz das Flores

Como había empezado a diluviar nada más salir del restaurante pensamos que lo mejor era ir al hotel hasta que se pasase el chaparrón, que fue lo que pasó nada más entrar a la casa. Hicimos una parada técnica, y salimos en seguida hacia Fajã Grande, no habíamos recorrido todavía el pueblo ni visto la Cascata do Poço do Bacalhau, un caída bastante chula con una poza de agua ferruginosa que abastecía de agua a varios molinos antes de salir al mar.

El trayecto desde la zona de aparcamiento es muy corto, perfectamente adoquinado y con las ruinas de los molinos a los lados, una pena que no los hayan recuperado. La cascada es bastante alta pero no lleva mucha agua, con el dron pudimos ver que tiene varias caídas antes de llegar a la que se ve desde la poza. Allí nos dimos cuenta que el dron es bastante imprescindible para un viaje a las Azores.

Poço do Bacalhau

Acabamos la visita a Fajã Grande en las coladas de lava que forman el punto accesible más occidental de Europa. Nos acercamos a Fajãzinha a ver si encontrábamos un sitio chulo para ver el atardecer pero al llegar nos dimos cuenta que las montañas que quedaban al sur tapaban la visión del atardecer y nos volvimos al hotel a hacernos un buen café y ver atardecer desde nuestro patio.

Nos sentamos en la mesa de fuera aprovechando que no llovía y pusimos a grabar el dron detrás de nosotros mientras atardecía y nos tomábamos ese café. Fue un momento muy chulo porque detrás de la casa se formó un arcoíris completo que rodeaba toda la aldea.

Atardecer en Fajãzinha

Estuvimos el resto de la tarde revisando las imágenes del dron, tomando más café y preparando la ruta del día siguiente. Para cenar habíamos comprado unos bolos lêvedos y nos hicimos dos para cada, uno con jamón dulce y queso local y otro con atún en conserva portugués y unos tomates.

Al día siguiente íbamos a intentar ver el amanecer y para eso había que madrugar mucho, así que nos metimos bastante pronto en la cama.

Cena en la habitación de Aldeia da Cuada