Argentina día 9
Mendoza - Bodega Catena Zapata - Don Claudio´s - Brindillas
6 de abril de 2026
La habitación del Hotel Park Hyatt Mendoza era enorme y comodísima. A las 8:20 estábamos abajo desayunando, no sabíamos donde comimos pero nos imaginábamos que no sería algo ligero, así que a pesar de que el desayuno del hotel era variadísimo, con cocina al momento y de muy buena calidad, decidimos comer poco por lo que pudiera pasar.
Carito bajó un poco después y nos dijo que habíamos quedado a media mañana en casa de su hermana para ver a sus sobrinos, que era el cumpleaños de uno de ellos, y luego una visita a una bodega. Salimos del hotel en taxi y paramos a comprar unas facturas para llevar al cumpleaños, está feo ir a la casa de alguien con las manos vacías, jeje.

Llegamos en Uber a las bodegas de Catena Zapata en Luján de Cuyo a las 12:30, justo a la hora que teníamos la visita concertada. Son unas bodegas enormes con muchos viñedos repartidos por varias zonas de Argentina. El edificio principal de la bodega es una pirámide inspirada en el estilo Maya, por fuera impacta por lo diferente que es con respecto al entorno, pero por dentro es muy diáfana y con mucha luz (visitar los viñedos a los pies de los Andes en Mendoza es una de las mejores cosas que ver y hacer en Argentina).
La chica que nos hizo la visita nos explicó con detalle los diferentes tipos de vino, viñedos y suelos que hay en las diferentes zonas de producción, el origen de la familia y su implicación con la bodega. Estuvo alrededor de una hora y al acabar nos recogió el chef del restaurante Angélica, ubicado en otro de los edificios de la bodega sobre la destilería, que tiene una estrella Michelin y está considerado el restaurante con el menú más caro de Argentina.


Esa era la sorpresa del día y no nos podía gustar más. Juan Manuel nos llevó a visitar primero la destilería y luego el restaurante, donde nos pusieron en la mesa con las mejores vistas de la sala. En la mesa ya habían 11 copas alrededor de cada plato lo que indicaba que nos pondrían el menú wine first, es un concepto en el que primero se elige el vino y en base a él, se construye el plato.
Antes de sentarnos saludamos a Josefina, la otra chef del restaurante, y al maitre que nos explicó en qué consistiría el menú que íbamos a disfrutar.

El ambiente y las vistas eran espectaculares. Nos sirvieron once pases, algunos de más de un plato, además del pase de quesos, con más de seis variedades diferentes; los onces vinos del menú, uno extra para el queso, dos más que el maitre quería que probásemos, y al final nos pusieron dos vinos sin alcohol cuando les contamos el proyecto de Silvestres. No habíamos probado tanto vino y comido tan bien en mucho tiempo.
Cuando terminamos de comer los chefs nos llevaron a dar un paseo por el huerto y nos explicaron todo lo que hacían, estuvimos un buen rato charlando con ellos antes de irnos. Tuvieron un detallazo con nosotros y esperamos poder devolvérselo cuando vengan a España.
Estuvimos un buen rato esperando un Uber en la zona de mesas que tienen fuera y planeando la tarde. En principio íbamos a visitar otra bodega, pero era muy tarde y decidimos pasear por Mendoza y ver algo del centro.


Carito le pidió al conductor que de camino al hotel pasase a recoger a su amiga Sabrina y diera un paseo por el parque General San Martín y el barrio de alrededor. Es un parque precioso con un gran lago, zonas deportivas, todo con grandes explanadas de césped y árboles. La gente a esas horas, y con el calor que hacía, estaba aprovechando para pasear ya que era una zona más fresca.
Paramos entre el parque y la plaza Independencia, hay unas diez cuadras entre las dos, y recorrimos la Avenida Sarmiento, entramos a un par de tiendas de las que nos hubiésemos llevado media maleta llena pero ya iban hasta arriba y quedaban demasiados vuelos para cargar mucho. Acabamos cruzando la plaza que tenía un mercadillo de artesanos y seguimos por la Avenida Sarmiento, en esta zona se hace peatonal y había mucho ambiente.
Por si no habíamos comido suficiente, Carito dijo que no podíamos irnos de Mendoza sin comernos un auténtico lomito, el bocadillo que habíamos probado con poco éxito en Río Cuarto. Dicho y hecho, cogimos un taxi en la esquina con la Avenida San Martín y nos fuimos directos a Don Claudio´s.


El sitio no podía ser más auténtico, había una cocina central con una gran plancha y luego estaba lleno de mesas en los dos pisos que tenía el local. Se notaba que solía ir mucha gente aunque a esa hora, las 19:30, todavía no había nadie.
Nos sentamos y pedimos una cerveza de litro y un lomito para repartirlo entre los cuatro. El bocadillo se hace en la plancha con un pan muy fino de unos treinta centímetros. Se ponen dos cortadas finas de lomo de ternera directas en la plancha con aceite, y al lado el pan también en la plancha al que se le añade lechuga. A un lado se hacen dos huevos estrellados y cortadas finas de provolone. Cuando el queso está dorado, se le da la vuelta y se le pone orégano seco. Sobre la lechuga se coloca, por este orden, la carne bien hecha y jugosa, el queso, salsa de tomate casera, el huevo estrellado, una ración generosa de mayonesa, salsa golf, y se tapa con la otra parte del pan que también ha estado a la plancha.
Aunque pueda parecer increíble, nos comimos el lomito como si no hubiésemos comido en días (estaba delicioso).


La siguiente sorpresa del día es que a las 20:30 teníamos reserva en el restaurante Brindillas también galardonado con una estrella Michelín y al que ya llegábamos algo tarde. A las 21:00 (con el lomito aún en el estómago) nos sentábamos en el restaurante de Luján de Cuyo después de saludar a Florencia, jefa de sala y propietaria. Nos sentó en un mesa muy tranquila y esperamos a que llegase Virginia, otra amiga de Carito de su época en la universidad de cocina en Mendoza.
Después de las presentaciones y de conocer a Mariano, chef y propietario, empezamos a degustar lo que iba saliendo, un menú de ocho pases, con dos snacks de bienvenida, cinco bocados de aperitivo, tres entrantes (uno era extra de parte del chef en atención a Carito), un principal, dos postres y los petir four, más el pase de pan y mantequilla. Es posible que sea el día que más hemos comido en nuestra vida y que más lo hemos disfrutado.
Salimos de allí tres horas después casi sin poder respirar de lo llenos que estábamos. Nos despedimos de Virginia y cogimos un Uber de camino al hotel. Al día siguiente el vuelo embarcaba a las 6:45 y había que cerrar las maletas e intentar dormir.



