Argentina día 4
Río Cuarto
1 de abril de 2026
Amanecimos más temprano que el día anterior y fuimos a comprar el desayuno para todos, nos encanta conocer sitios de desayuno allá donde vamos y era una forma de hacerlo. Le preguntamos a Sandra donde comprar facturas y biscuits y nos envió a Mensa, una panadería cercana con muy buen producto, se quedó preocupada porque no teníamos pesos argentinos y pensábamos pagar con tarjeta y pensó que no nos iban a aceptar la tarjeta para eso.
Compramos facturas, biscuit y criollos y nos fuimos a comprar alfajores a El Nazareno, donde venden unos de los alfajores más famosos de la provincia y compramos un buen cargamento variado. Al volver nos enteramos que Sandra nos había ido a buscar a la panadería preocupada por si no habíamos podido pagar, así de bien nos cuidaron durante todo el viaje.

Después del desayuno, fuimos a comprar unos bañadores, se nos habían olvidado en Valencia. En principio pensábamos usarlos sole en Iguazú pero con el calor que hacia apetecía un buen baño y la casa tenía una piscina enorme.
La ropa en Argentina, al menos en esa época, es carísima, además en Río Cuarto lo que encontramos eran boutiques de marca y estábamos fuera de la temporada de baño por lo que solo encontramos unos bañadores de Columbia y nos costaron casi cincuenta dólares cada uno.
Habíamos convencido a Sandra y Gladys de que nos dejasen grabarlas enseñándonos a hacer sus famosos ñoquis para hacer un reel para @bysilvestres. Sobre las doce empezamos al lío, pelar, cocer y hacer la masa de patata, darles la forma y mientras, ir haciendo la salsa de carne y tomate. Los ñoquis salieron espectaculares, no nos extraña que Carito hable tanto de la cocina de su abuela. Fue un rato muy divertido, Gladys tuvo mucho desparpajo delante de la cámara y nos reímos mucho.

Entre una cosa y otra tardamos casi dos horas en hacer la pasta y grabar y sobre las 14:50 nos sentábamos a comer. De postre tomamos unos helados buenísimos de Cremolatti, Nos llamó mucho la atención que el servicio a domicilio esta muy normalizado para casi todo allí. Los helados venían en tarrinas semicirculares enormes, de por lo menos un kilo, con tres sabores en cada una y por supuesto apuramos el turrón que quedaba.
Estuvimos charlando en la sobremesa con algunos amigos de la familia que vinieron después de comer, hasta que Antonio y yo decidimos ir a tomar un café fuera mientras Carito iba a ver a más familiares.

Dimos una paseo por el centro antes de elegir una cafetería. En las calles había mucho movimiento, los niños ya no tenían escuela por las fiestas de Semana Santa y se notaba un ambiente bastante festivo. Nos sentamos en la terraza de Junior B, un bar tipo americano pero que por la tarde sirven cafés y meriendas. Nos pusieron dos cortados (el café más popular de Argentina) con dos medialunas de manteca y un vaso de agua con gas, cortesía de la casa (es bastante típico en Argentina). No os lo vais a creer pero en contra de lo que nos pedía nuestra lógica, no comimos las medialunas, no porque estuviésemos llenísimos, que también, sino porque en dos horas venían los tíos de Carito con los que habíamos cenado el día anterior a hacer otro asado para la cena.
Dimos un rodeo para volver a casa disfrutando del ambiente, entrando a tiendas y perdiendo bastante rato en Yenny, una librería chulisima de la calle Alvear. No podemos no comprar libros cuando estamos de viaje y este no iba a ser una excepción, pero solo llevabamos allí cuatro días y nos quedaban catorce más y otros siete vuelos internos, por lo que decidimos ir apuntando los libros que nos gustaban y comprarlos al final en Buenos Aires.

Ayudamos a sacar al patio todo el mobiliario para cenar. Al final fuimos quince personas y había que preparar la picada, las ensaladas y el fernet y ayudar al asador con lo que necesitase.
Comimos una animalada ingente de carne, chorizo, morcilla, y acabamos con las mollejas. Nos terminamos el helado y los alfajores de postre y estuvimos un buen rato con la sobremesa. Al acabar, acompañamos a Sonia a su casa aprovechando para pasear a Humita y nos fuimos a descansar. A pesar de no movernos mucho, el calor nos tenía aplatanados.


