Argentina día 5
Río Cuarto - Alta Gracia - Festival Peperina
2 de abril de 2026
Después de desayunar las facturas y dulces que habían sobrado el día anterior y unas tostadas con manteca y mermelada, subimos a hacer las maletas. Nos íbamos con Carito a Alta Gracia, al festival gastronómico Peperina al que nos habían invitado a hacer una clase juntos.
Sobre las 11:30 nos subimos al coche de la tía de Carito y nos despedimos con la promesa de volver a Río Cuarto, aunque volveríamos a ver a toda la familia al día siguiente en el festival y en Villa Rumipal.
Llevábamos lo principal para un viaje por carretera en Argentina, un portamates con el termo lleno y suficiente hierba. Saliendo de Río Cuarto, Carito paró en un kiosco a comprar algunas de las golosinas típicas que comía de niña y quería que probásemos: una caja de Marroc y algunos alfajores Bon o Bon.


El día estaba muy lluvioso y algo más fresco, parecía que había terminado la ola de calor. Entre mates, risas y charlas llegamos a Alta Gracia, a poco más de media hora de Córdoba capital. En su día fue una villa de veraneo y se nota en el tipo de construcciones y en el tipo de urbanización de la ciudad.
Fuimos directos a comer al Ferroviario, no teníamos más referencias que las reseñas de Google pero tenía muy buena pinta. Llegamos a una casona grande con mucho patio donde se podía aparcar y nos sentaron en una mesa de la terraza que era lo único que tenían libre, ya que estaba lleno por las vacaciones de Semana Santa.

Pedimos empanadas de carne, ñoquis rellenos, milanesa del duque con jamón y queso, brie, tomates cherry y patatas a caballo y una milanesa de la duquesa con tallarines con salsa de queso sardo y nata. De postre perdimos un vigilante mixto, que son porciones de queso tipo semi con porciones de dulce de membrillo y porciones de dulce de batata y frutos secos por encima; y un panqueque con dulce de leche.
Mientras esperábamos el postre, llegaron Caro y Emi, unos de los mejores amigos de la infancia de Carito que habían conducido las doce horas que separan Alta Gracia de Mendoza para pasar unos días con nosotros. Nos cayeron genial desde el primer momento. Mientras ellos comían los platos que habíamos encargado por adelantado para que no les cerrasen la cocina y nosotros disfrutábamos del postre y el café, estuvimos conociéndonos.
Son una pareja con una historia increíble, a los 18 años ya tenían una hija y en ese momento su hija había tenido otra hija con 17, se les veía a la legua lo buena gente y currantes que son. Pero ese día la conversación se centró en contarnos que a Emi le había atravesado un rayo casi un año antes y pese a lo duro y raro que había sido el proceso, lo contaba con una gracia que no podíamos parar de reírnos. Si el nos da permiso, os contaremos en algún momento esa historia, aunque da para un libro completo.


Fuimos a dejar las cosas en el hotel, a nosotros nos ponía las habitaciones la organización del festival en el hotel Solares y Caro y Emi se alojaban en un apartamento en la calle Sarmiento, a cinco minutos caminado.
Cada uno dejó sus cosas en la habitación y nos fuimos a Peperina en el coche de Emi, que era un todo terreno grande y cabíamos bien todos. Al llegar nos dirigieron a la zona de ponentes y nos pusieron una identificación en el coche para poder entrar y salir de la zona sin problemas.

El festival acababa de empezar y habían estado a punto de tenerlo que cancelar a última hora porque había caído un diluvio enorme tres horas antes en la ciudad y había anegado todo el recinto. Habían podido resolverlo y excepto por un par de charcos, parecía que no había pasado nada. Había dos recintos: por una parte, un pabellón con gradas y un gran escenario con pantallas y cámaras para las clases de cocina, delante del escenario había sillas para los asistentes y una zona con mesas corridas para comer a resguardo y dos pasillos con puestos de productores y venta de productos artesanales. Al salir había otra zona al aire libre con una carpa enorme abierta por los lados con más de cien puestos de productores y a los lados de la carpa, puestos de comida recién hecha, bebidas y cócteles. Habían venido productores y cocineros de todas las partes del país.
Primero vimos la zona del pabellón y nos quedamos un rato viendo la clase inaugural de Dori Yrigoyen y luego salimos a recorrer toda la parte exterior.

Sobre las 21:00 fuimos detrás de las carpas donde estaba prevista una cena informal con los chefs y acompañantes que participaban en el evento, allí conocimos a Pedro Lambertini, Pablo Quintero, Dolly Yrigoyen, Roberto Petersen, Iwao, Julián Espinosa, Julián Weich, Juan Braceli y Juan Ferrara y otros muchos chefs argentinos de prestigio, y músicos de rock como «El zorrito» Von Quintiero y Walas que tenían actuaciones en el escenario al aire libre. Cenamos unas pizzas increíbles hechas sobre brasas cocinadas por el chef Danilo Ferraz.
Fue un rato muy divertido ya que como nosotros no éramos conscientes de quién era quién en aquella cena, charlamos con todos de forma natural (en Argentina hay chefs que sufren el fenómeno fan tanto como un futbolista de alto nivel), lo curioso es que todos se acercaban a saludar a Emi, que no conocía a nadie y estuvimos un buen rato de risas intentando descubrir a quién debía parecerse y lo confundían. A mitad noche llego «el negro» Herrera, allí los motes siguen siendo parte importante del nombre, organizador y fundador del festival que es quién nos había invitado por intermediación de Carito y al que por fin poníamos cara.
A las 23:30 nos fuimos al hotel a descansar que nos quedaba un par de días intensos.


