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Marrakech y el desierto día 6

N´Kob · Valle del Draa · Puerto Tizi n'Tichka · Ouarzazate · Marrakech (330 km)

11 de abril de 2024

Como iba siendo habitual en el viaje, a la hora de amanecer ya estábamos despiertos y en lo alto de la azotea de la kasbah viendo cómo el sol iluminaba el palmeral y el resto de las construcciones de adobe de N´Kob. Algunos de los habitantes del pueblo ya empezaban su actividad, sobre todo los pastores con sus rebaños de cabras que corrían por las calles en busca de pasto y las mujeres que se preparaban para ir al mercado.

A las 7:30 nos reunimos todos, en la misma mesa donde habíamos cenado la noche anterior, para desayunar.

Amanecer en N´kob desde Kasbah Baha Baha

A las 9:30 nos despedimos de N´Kob rumbo a Marrakech, teníamos unos 330 kilómetros por delante. La carretera estaba salpicada de kasbahs y pueblecitos con las montañas de los Atlas al fondo. Cuando llevábamos una hora de viaje, paramos en un pueblo animadísimo con un nombre sin vocales, impronunciable; Agdz. En la zona más alta había un mirador desde donde se tenía una perspectiva completa del inmenso palmeral del Valle del Draa, el segundo oasis continuo más grande de África con una extensión de 200 kilómetros siguiendo el curso del río Draa desde donde estábamos hasta Zagora a las puertas del Sáhara.

Palmeral en el Valle del Draa desde Agdz

Pasamos por Ourzazate y continuamos por la carretera que asciende hacia el Atlas hasta el famoso Puerto de Tizi n’Tichka, a 2.260 metros de altura, que ya atravesamos unos días atrás en nuestro camino hacia el desierto. Hay un punto panorámico en la zona más alta donde se ve perfectamente cómo la carretera desciende por la ladera en zigzag con curvas de 180º, parece un Scalextrix de montaña.

Como se había acabado el Ramadán, le dijimos a Hassan que nos debía una comida en un sitio marroquí de verdad (aunque no a todo el grupo le hacía la misma ilusión). Paramos en el Restaurant Zarda Tadart (Restaurant Anwal) en la pequeña aldea de Taddert en la carretera de descenso. Un sitio en el que solo había marroquíes y donde había una carnicería al lado de la que se abastecía. En la terraza, junto a nuestra mesa, había un señor muy mayor que cocinaba directamente con las manos la carne en la parrilla (y no nos sorprende el hecho de que no usara guantes, si no de que no se quemaba y presionaba las piezas contra las brasas sin ningún miedo). Podíamos verlo trabajar, lo malo era que de vez en cuando el humo venía hacia nosotros y acabamos ahumados.

Pedimos ensalada, carne picada a la brasa, a modo de hamburguesa rudimentaria, verduras asadas y chuletas de cordero. Fue una experiencia auténtica, y aunque algunos no las tenían todas consigo y les daba cierta aprehensión, la comida estuvo deliciosa.

Restaurant Zarda Tadart. 8JV4+MXR, Taddart Oufella, Marruecos (Google Maps)

Puerto de Tizi n'Tichka
Restaurant Anwal

Con el estómago satisfecho, continuamos la ruta. Al bajar por esta ladera, los valles dejaban de ser desérticos y volvían a ser fértiles, repletos de campos de cultivo, huertos y olivares.

Estábamos casi a punto de dormirnos cuando de repente tuvimos un percance: unos kilómetros más adelante en una recta había un control de la policía (que no lo habíamos dicho, pero hay muchos en Marruecos). Unos chicos jóvenes que iban en moto y sin casco delante de nuestra furgoneta, al ver a los gendarmes, dieron media vuelta sin ser conscientes de que detrás estábamos nosotros y se estrellaron contra la parte delantera del copiloto, hundieron la carrocería y arrancaron el espejo retrovisor. Uno de ellos empezó a sangrar y medio cojeando salieron corriendo y huyeron. La policía al principio pareció no hacernos caso, pero a los pocos minutos acudieron y estuvieron hablando un rato con Hassan y haciéndonos alguna pregunta. El pobre tenía un disgusto porque se había comprado la furgoneta recientemente.

Paramos en el pueblo más cercano, donde había una tienda de repuestos, y entre Hassan, Rafa y Germán pudieron hacer un apaño con un poco de cinta para poder continuar la ruta.

Valles fértiles de Marruecos
Arreglando la furgo

Una hora después, estábamos entrando en el caos de Marrakech. Después de varios días recorriendo las tranquilas carreteras y los pueblos del país, aquello parecía otro mundo. Hassan acercó la furgoneta todo lo posible al alojamiento, el Riad Dar Silsila, ubicado en la Medina antigua pero en una zona más tranquila alejada del jaleo de la plaza Jemaa el-Fna. Bajamos las maletas y nos despedimos de él (era un hasta luego porque nos tenía que llevar de vuelta al aeropuerto al día siguiente).

Después de esperar un rato con nuestro té y dulces de cortesía en una salas con sofás comodísimos, hicimos el check-in y cada uno se acomodó en su habitación. Eran muy amplias, con baño completo y aire acondicionado. El riad tenía una piscina en el patio central y una azotea en varios niveles con vistas a los tejados de la medina, a esa hora además con la luz del atardecer la panorámica era impresionante.

Patio del Riad Dar Silsila
Vistas desde el Riad Dar Silsila

A las 19:00 había anochecido y nos fuimos a recorrer las callejuelas de la medina. Entramos en varias tiendas, una de ellas estaba en en fondouk precioso (edificios comerciales con varias plantas en torno a un patio central, con artesonados de madera, donde suele haber mercados de artesanía y cooperativas). Recorrimos el Zoco Semmarine, que ya estaba empezando a cerrar sus puestos, al día siguiente ya lo visitaríamos con más calma.

Para cenar, nos habían aconsejado ir a un sitio de pescado y marisco en la Ville Nouvelle, la zona nueva de la ciudad, y decidimos arriesgarnos. Estaba algo alejado de la Medina pero en lugar de buscar taxi u otro transporte, nos pusimos a andar y andar.

Carro en la medina de Marrakech

La Ville Nouvelle era totalmente diferente a la medina. Grandes avenidas y edificios altos y modernos, con un aire más europeo, tiendas de ropa de marcas internacionales y un montón de restaurantes de toda clase de comida. Había además mucho ambiente joven y familias que iban a cenar.

Tras más de dos kilómetros caminando, llegamos al restaurante Al Bahriya. Como era de esperar, al estar tan alejado de la zona más turística estaba lleno solo de gente local, y a nosotros eso nos encantó. Pedimos unas brochetas de pescado y marisco, fritura de pescado y ensalada. Bueno y saludable (salvo por la fritura).

A las 22:00 ya estábamos de vuelta en el hotel. Como hacía una noche muy agradable, antes de acostarnos, nos subimos a la azotea con una tetera y unos vasos y nos tomamos un té la mar de a gusto, hablando de lo bien que lo estábamos pasando y comentando el susto del accidente.

Al-Bahriya, 75 Bd Moulay Rachid, Marrakech (Google Maps)

Brochetas de pescado en Al-Bahriya, Marrakech