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Corea del Sur día 6

Jeonju Hyanggyo · Jaman Mural Village · Omokdae · Templo Haeinsa · Daegu · Dongseong-ro

13 de marzo de 2024

A las 7 estábamos en pie, hoy dejábamos Jeonju para seguir hacia la siguiente parada el viaje, el templo Haeinsa y la famosa Tripitaka coreana. Desayunamos en la casa mientras veíamos amanecer sobre el pabellón Omokdae y salimos a pasear por las calles de Jeonju aprovechando que el día estaba despejadísimo. A esas horas la luz de los edificios era especial y se respiraba mucha paz. Estábamos teniendo mucha suerte hasta ahora porque no había nada de turismo.

Jeonju Hanok Village

Bordeamos la fachada del santuario Gyeonggijeon, donde había unos cuantos gatos la mar de graciosos tomando los primeros rayos de sol (creemos que lo hemos comentado ya, estaba haciendo bastante frío en Corea) y un grupo de guardias uniformados de época. Desde aquí fuimos caminando hacia Hyanggyo-gil, la calle de los artesanos. Entramos a un edificio de estilo tradicional que funcionaba a modo de centro cultural y de arte de la ciudad, con una construcción central rodeada de un patio. Leímos que se podían hacer talleres de artesanía y otros cursos sobre la cultura coreana.

Un poco más adelante en la misma calle se encontraba el Jeonju Hyanggyo, una antigua escuela confuciana, de entrada gratuita. Cruzamos la impresionante puerta de entrada y recorrimos todo el recinto, con preciosos edificios y pabellones muy bien conservados y unos jardines con árboles centenarios, y lo mejor, solos (únicamente había algún jardinero y un grupo de trabajadores con el mismo uniforme de guardia que habíamos visto en el santuario, preparándose para salir por las calles). Tenéis más información en la entrada qué ver y hacer en Jeonju.

Escuela confuciana Jeonju Hyanggyo
Pabellón en Jeonju Hyanggyo

Después de visitar con calma la escuela confuciana, subimos por la colina Seungamsan a través de las callejuelas que serpentean frente a Jaman Mural Village, disfrutando de las vistas de la aldea tradicional de Jeonju. En algunas casas estaban elaborando sus propias verduras encurtidas y Rafa no pudo resistirse a pedir permiso para entrar a verlo y hacer fotos.

Llegamos hasta el pabellón Omokdae y tras varias fotos de las panorámicas que teníamos desde allí, bajamos de nuevo al alojamiento para recoger el equipaje (echaríamos de menos nuestra casa en Jeonju). Último paseo por las calles del casco antiguo, con maletas incluidas, y nos subimos al coche después de descifrar cómo se pagaba el parking.

Jeonju Hanok Village

Sobre las 10:30 estábamos saliendo de Jeonju, no lo vamos a negar, acojonados porque era la primera vez que conducíamos por el país (quitando del breve trayecto desde la oficina de alquiler al aparcamiento donde habíamos dejado el coche el día anterior). El coche hablaba cada dos por tres, pero en coreano, y no entendíamos nada. Nos sorprendió que llevábamos cámaras delanteras y traseras que van grabando todo por si fuera necesario en caso de accidente.

La conducción resultó muy sencilla, no había mucho tráfico y no podíamos sobrepasar los 100 km/h porque la autovías estaban llenas de radares y puestos policiales cada kilómetro (tenéis más info en la entrada Cómo moverse en coche por Corea del Sur). Gracias a la tarjeta recargable que nos dieron en la agencia de alquiler, pasábamos los peajes por la vía rápida y simplemente se iba descontando el importe correspondiente (el peaje también nos hablaba pero no entendíamos lo que decía, no sería nada malo porque se abría la barrera y nos dejaban pasar).

Radar en carretera coreana

A las 12:30 estábamos cogiendo la salida de la autovía hacía Haeinsa y tras varios kilómetros de carreteras de montaña por valles chulísimos, llegamos al aparcamiento del templo budista (la entrada la pagamos en una garita un poco antes, 4000 KRW por acceder en coche). Estábamos prácticamente solos, como de costumbre, habría un par de coches más y eso que ya era casi la una del medio día. La entrada era espectacular, tras atravesar la primera puerta caminamos por un sendero, flanqueado de árboles centenarios hasta la puerta de acceso principal, donde había frescos con guardianes que la custodiaban.

Justo en la entrada había puestos que vendían las típicas ofrendas para dejar a Buda y a partir de aquí se iba accediendo a través de escalinatas empinadas que llevaban a una gran explanada rodeada de preciosos edificios con decoraciones y pinturas muy llamativas. El templo está enclavado en medio de la montaña, con unas vistas preciosas de los bosques que lo rodean y en él se respiraba una una paz increíble (más aun sin turismo). No nos extraña que esté reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Templo Haeinsa
Temple Stay en Haeinsa

En la parte más alta se encuentra el tesoro del templo, la Tripitaka coreana, la mayor colección de escrituras de la enseñanza budista, compuesta por 81.258 tablas de madera talladas en el siglo XIII, que contienen las doctrinas y preceptos del budismo. Están protegidas dentro de dos pabellones de madera del siglo XV con una decoración más sencilla que el resto de edificios. No se puede acceder a ellos, pero a través de celosías de madera se veían las estanterías donde se guardan estas escrituras.

Recorrimos todo el recinto al completo, uno de los patios estaba decorado con miles de farolillos de colores con motivo del cumpleaños de Buda, con mensajes de ofrenda; y en uno de los pabellones había un monje rezando con el típico cántico que le daba un aire aún más espiritual al lugar.

A las 14:00 salíamos del templo y necesitábamos comer. Habíamos visto alguna zona de servicios junto a la carretera con restaurantes y nos pusimos a buscar, porque hasta llegar a Daegu, la siguiente parada, aún nos quedaba una hora de coche.

Tripitaka coreana

Encontramos un restaurante de comida china y entramos, pero parecía que ya no daban de comer, estaban los trabajadores comiendo y charlando en una mesa. En seguida una chica se levantó y nos ofreció sentarnos. Le sorprendió muchísimo que estuviéramos allí y nos preguntó cómo lo habíamos encontrado. Le flipó eso de que lo habíamos elegido simplemente porque nos llamó la atención desde la carretera. Nos enseñó la carta (que no estaba en inglés) y con el móvil y el traductor nos iba explicando lo que llevaba cada plato.

Estábamos encantados con el trato y con la elección. Nos pedimos dos platos de noodles, con sus correspondientes banchan, muy baratos y deliciosos (15000KRW, unos 9€). La dueña quiso hacerse fotos con nosotros para las redes sociales y nos hizo ponernos unas gorras con su logo. Fue uno de los momentos más divertidos y auténticos del viaje.

Restaurante Songgane (송가네반점), 1139 Gayasan-ro, Hapcheon-gun, Gyeongsangnam-do (Google)

Restaurante Songgane

Con el estómago lleno y después de despedirnos de la dueña del restaurante, pusimos rumbo a Daegu, no había mucho tráfico y pudimos llegar en menos de una hora al centro de la ciudad, donde teníamos el alojamiento.

Aparcamos en el parking del Rivertain Hotel e hicimos el check-in (como llevábamos el coche intentamos coger los alojamientos con aparcamiento). Era un hotel urbano, muy básico pero con todos los servicios y cerca del animado barrio de Dongseong-ro. La habitación era enorme y daban desayuno. Dejamos el equipaje (aunque no lo deshicimos mucho porque al día siguiente nos íbamos hacia Gyeongju) y salimos a recorrer Daegu.

Habitación del Rivertain Hotel en Daegu

Muy cerca del hotel encontramos una cafetería con una pinta muy buena, una decoración muy nórdica con mucha madera y suelos de cemento. Había un chico preparando un café de estilo turco a la manera tradicional sobre arena caliente, el espectáculo visual ya merecía la pena. Además, el café estaba riquísimo y lo acompañamos de la especialidad de la casa, el kaymak, un producto lácteo cremoso similar a la nata, elaborado a partir de leche y servido con miel y pan (16000KR, unos 10€). Nos vino muy bien para descansar y para entrar en la ciudad con buen sabor de boca, porque habíamos leído malas críticas de ella.

Sandy Lake (샌디레이크), 192 Gyeongsanggamyeong-gil, 성내1동 Jung-gu, Daegu (Google)

Sandy Lake en Daegu

Dimos un paseo por las calles de Dongseong-ro y nos gustó mucho el ambiente, muy animado, con un montón de jóvenes por las calles repletas de tiendas tanto boutiques de moda, como grandes almacenes y tiendas de marcas locales e internacionales, además, de restaurantes, cafeterías y puestos callejeros.

Entramos al famoso Starbucks Daegu Jongro Goteak, ubicado en un antiguo hanok rehabilitado, con los típicos tejados cubiertos de giwa, tejas de cerámica de color gris oscuro; las paredes de madera, el interior diáfano y un gran patio central. Otra peculiaridad es que hay un salón occidental con mesas y sillas altas, y otro salón con mesitas bajas para tomarse el café con dulces tumbado o sentado en el suelo, al estilo asiático.

Empezó a atardecer y comenzaron a iluminarse todas las luces de neón de bares, restaurantes y karaokes y el ambiente se animó mucho más. Todo un espectáculo típicamente coreano.

Dongseong-ro
Dongseong-ro

Uno de los principales atractivos de la ciudad es la impresionante noria de Dongseong-ro Spark, que no pasa desapercibida, está encaramada en la azotea del centro comercial Spark, que además de tiendas y restaurantes tenía un montón de opciones de ocio, parecía un pequeño parque de atracciones. Subimos a verla y aunque no nos montamos, pudimos disfrutar del ambiente de feria y una panorámica espectacular de toda la ciudad, con unas vistas de infarto de todos los rascacielos y las calles iluminadas a los pies (había incluso una zona de suelo acristalado donde se veía la calle, no apto para los que padecen vértigo como nosotros).

Teníamos hambre y el ambiente festivalero nos hizo comprar unos churros con azúcar en uno de los puestos del parque de atracciones, gran error, escasos, caros y encima estaban duros e insípidos (16000KRW, unos 6€).

Noria de Dongseong-ro Spark
Noria de Dongseong-ro Spark

Se hizo la hora de cenar y le habíamos echado el ojo a un restaurante japonés que habíamos visto paseando por la zona de Dongseong-ro, cerca de nuestro hotel. Pertenece a una cadena de restaurantes que ofrecen auténtico ramen japonés con caldos muy sabrosos y fideos artesanales, en locales de estética japonesa. Se pedía en una máquina que había a la entrada (una de las trabajadoras tuvo que venir a ayudarnos al ver que no nos aclarábamos del todo porque estaba en coreano). Nos pedimos dos platos de ramen y unas gyozas, todo riquísimo y preparado por los cocineros en el momento (31000KRW, unos 19€).

Menya Sandaime (멘야산다이메), 86 Namil-dong, Jung-gu, Daegu (Google)

Ramen en Menya Sandaime

Ya de vuelta al hotel, entramos a un pub muy chulo, Oak´N´Arrow, y nos tomamos un par de cervezas San Miguel (de Filipinas, no de España). Estaba regentado por un chico muy joven con el que estuvimos un rato charlando, nos contó la historia de cómo montó el local y nos dijo que había estado de vacaciones en Barcelona (a los coreanos les encanta nuestro país y todos los que estábamos conociendo o habían estado o querían visitarlo).

Había sido otro día intenso y lleno de experiencias, tocaba descansar que mañana cambiábamos de ciudad.

Oak’N’Arrow, 160 Gyeongsanggamyeong-gil, Jung-gu, Daegu (Google)

Oak´N´Arrow