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Toscana día 6

Cinque Terre · La Spezia

31 de mayo de 2017

Nos pegamos un buen madrugón, a las 7:00 salíamos del hotel, sin comer nada porque el servicio de desayuno empezaba una hora más tarde. Pusimos rumbo a La Spezia, la ciudad por donde se accede al Parco Nazionale delle Cinque Terre.

Nos llevó alrededor de dos horas y media con una parada corta para desayunar en el restaurante Molino d’Era, muy cerca del hotel.

Desayuno en Molino d’Era · Salida del hotel

Nos costó un poco llegar hasta el centro de La Spezia, había que atravesar toda la zona portuaria y a esas horas estaba en pleno apogeo de tráfico. Aparcamos en el Parcheggio Piazza d’Armi. Sacamos un ticket para todo el día, y aunque estaba un poco lejos de la estación, nos pareció la mejor opción dado lo difícil que era encontrar sitio en las calles del centro.

De ruta hacia La Spezia

Compramos las Cinque Terre Treno Card en la oficina de turismo, en el mismo andén de la estación, y a las 10:30 ya estábamos subiendo al tren. Bajamos en el primer pueblo, Riomaggiore, con la idea de coger directamente el ferry hasta Monterosso al Mare, el último, e ir visitando el resto de pueblos en sentido contrario con el tren (os dejamos la entrada con todos los consejos para pasar un día en Cinque Terre). El barco acababa de irse y teníamos una hora hasta el siguiente, que aprovechamos para visitar el pueblo y almorzar.

Tren a Riomaggiore con la Cinque Terre Card

El pueblo nos pareció precioso, con casas de colores encaramadas en los acantilados, todas apretujadas en el estrecho valle. Perdía un poco el encanto por la masificación del turismo que hace que sólo haya comercios enfocados a él y quede muy poco de vida local, algo común a los cinco pueblos que forman el parque.

Almorzamos un panino de salame, formaggio e lattuga y una botella de agua en Costevé, un pequeño bar con mesas altas en la calle y wifi gratis. Nos sentó muy bien (cuando madrugamos estamos hambrientos todo el día). Menos mal que lo acabaríamos quemando con tanta caminata.

Costevé. Via Colombo, 193, Riomaggiore (TripAdvisorGoogle)

Panorámica de Riomaggiore

A las 11:35 nos montábamos en el ferry, los tickets los habíamos comprado en las taquillas que había al final de la Via San Giacomo, en el mirador. Nos costaron 12€ cada uno, sólo de ida y fuimos directos a Monterosso. El trayecto fue de casi una hora, bastante agradable, con una buena panorámica de la costa y los pueblos, aunque el sol ya picaba (menos mal que llevábamos gorras y protector solar).

Bajamos en la playa de Monterosso y recorrimos el paseo marítimo desde el muelle hasta el otro extremo, al inicio de Via Fegina. Al pasar por la estación, que queda en el centro del paseo, nos compramos un cucurucho de pescado y marisco fresco frito en Il Bocconcino, algo muy típico en las playas de la zona. Estaba de muerte.

Il Bocconcino, Via Fegina, 52, Monterosso al Mare (TripAdvisorGoogle)

Riomaggiore desde el ferry
Vistas de la costa desde el ferry · Monterosso al Mare · Cucurucho de pescado frito

Cogimos el tren hasta Vernazza. Se nos había hecho tarde y teníamos que buscar un sitio para comer antes de que nos cerrasen las cocinas. Dimos un par de vueltas pero casi todos los restaurantes que teníamos apuntados estaban llenos, en el último nos dijeron que esperásemos un rato y nos sentarían en la terraza.

Tuvimos suerte, a los que preguntaron justo después de nosotros les dijeron que la cocina ya estaba cerrada. Pedimos una insalata gamberi, trofie al pesto, bavette carbonara, una panacotta con fresas, cafés y dos cervezas. Nos costó 75€, el sitio más caro del viaje en relación a la comida, pero estábamos en la zona más turística y en la plaza principal del pueblo, junto al puerto.

Il Gambero Rosso, Piazza Guglielmo Marconi, 7, Vernazza (TripAdvisorGoogle)

Vernazza

Al postre y los cafés nos invitó el camarero. Hicimos buenas migas cuando tuvo que tirar a un grupo de turistas chinos que, obviando las sillas subidas a las mesas indicando que estaban cerrando, las bajaron y se sentaron en la terraza. Al pedirles que se fuesen, se limitaron a sonreír y seguir sentados, tubo que gritarles de malas formas para que les dejasen recoger.

Recorrimos el pueblo, primero hacia el puerto y luego subimos por un tramo del sendero que lleva a Monterosso para ver la preciosa panorámica de Vernazza desde arriba. Callejeamos un rato por el centro buscando la sombra hasta que llegó la hora de volver al tren.

Vistas de Vernazza desde el sendero

Llegamos a Corniglia a las 17:00h, muertos de calor, y decidimos coger el autobús que sube al casco antiguo desde la estación (incluido en la Cinque Terre Treno Card), éramos incapaces de subir la Scalinata Lardarina con 377 escalones.

Antes de entrar al pueblo nos alejamos un poco por la carretera que vuelve a Vernazza para tener una perspectiva de la zona, con las casas de colores encaramadas sobre las laderas de viñedos.

Cuando empezamos a pasear por el centro, agradecimos las calles estrechas que no dejaban pasar el sol, necesitábamos el fresco de la umbría. Aún estuvimos más a gusto cuando nos comimos un helado de amarena de Alberto Gelateria, teníamos apuntado que sus helados artesanales eran una parada imprescindible y pudimos dar fe de ello.

Alberto Gelateria, Via Fieschi, 74, Corniglia (TripAdvisorGoogle)

Vistas de Corniglia sobre los viñedos

El pueblo es de los que más encanto tiene para pasear por él, nos pareció más tranquilo, lo disfrutamos más. Entramos a varios comercios de artesanía de la zona, Rafa compró un par de platos en forma de pez muy originales y tuvimos que sentarnos a tomar un refresco en la terraza del Caffè Matteo para hacer una parada técnica.

Nos acercamos al mirador que había detrás del Oratorio de Santa Caterina, desde allí se podían ver los acantilados de la costa y Manarola. Después fuimos a otro mirador que hay al final del pueblo, pero había mucha gente y las vistas eran mucho peores (tenéis las localizaciones en el mapa).

La vuelta a la estación la hicimos por la escalinata, se había nublado, lo que nos vino muy bien, pero esperábamos que se despejase para ver el atardecer.

Manarola desde el mirador de Corniglia · Scalinata Lardarina

La última parada fue Manarola. Así como callejear por Corniglia fue lo que más nos gustó, la mejor postal la tuvimos en este pueblo. Las casas están encaramadas sobre las rocas encima del puerto, de colores rojizos, anaranjados y amarillos, y con la luz del atardecer nos pareció una de las mejores vistas del viaje.

Al salir de la estación tuvimos que cruzar el túnel hasta el centro y de allí fuimos directos al puerto por la calle principal. A la derecha del puerto mirando al mar salía un camino que ascendía sobre la ladera contraria y desde donde tuvimos la mejor panorámica. Hicimos varias fotos desde el acceso a Nessum Dorma, un bar-restaurante que ya tenía cola para ver el atardecer, y preguntamos si nos vendían dos cervezas para llevar.

Nessum Dorma, Località Punta Bonfiglio, Manarola (TripAdvisorGoogle)

Manarola desde Nessum Dorma

Con nuestras cervezas en la mano, nos sentamos en un banco solitario, justo detrás del acceso, que tenía unas impresionantes vistas del mar y la costa quebrada de acantilados, orientado perfectamente hacia el atardecer. Cervezas y atardecer son dos de nuestras cosas favoritas. Los del bar fueron muy majos y además nos regalaron dos vasos de plástico, uno lleno de patatas fritas y otro de unas aceitunas negras deliciosas.

Atardecer en Manarola

Tuvimos que esperar un buen rato en la estación, que estaba llena de turistas, al tren de vuelta. No llegamos a La Spezia hasta las 22:00. Era el cumpleaños de Rafa y había que celebrarlo de una forma un poco especial, en el trayecto miramos un poco en TripAdvisor y vimos un restaurante cerca de la estación que tenía muy buena pinta y nos dejaba hacer una reserva a las 22:15.

Llegamos a L’Osteria della Corte muy puntuales, pese a ser tan tarde, había muchas mesas empezando a cenar. Nos dieron una mesa bien situada y después de pedir dos copas de vino (para eso estábamos de celebración), nos pusimos a descifrar la carta.

Pedimos una fonduta, un taglio di maialino, bianco di baccalà y de postre un tiramipiú (más que tiramisú), latte e biscotti y un café. Nos costó 86€ pero todavía recordamos lo buena que estaba esa cena.

L’Osteria della Corte, Via Napoli, 86, La Spezia (TripAdvisorGoogle)

Tren de vuelta · Brindando en La Spezia

Estábamos cenando tan a gusto que no nos dimos cuenta que aún nos quedaban dos horas y media de trayecto de vuelta. Lo hicimos muy tranquilos, sin el tráfico que habíamos tenido por la mañana, pero con la tensión de las carreteras toscanas, que les falta algo de conservación.

Llegábamos al hotel a las 2:30h de la madrugada, necesitábamos la cama y no madrugar.

Cena en L’Osteria della Corte