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Islandia día 15

Reykjavík. Vuelo de vuelta a Alicante

7 DE JUNIO DE 2019

El último día nos lo tomamos con más calma y bajamos a desayunar a las 9, fue un error. El comedor estaba a reventar, no les daba tiempo a recoger las mesas y faltaban platos y cucharas para poder servirse.

Hicimos uso de nuestra paciencia, que no siempre tenemos, y esperamos a que se vaciase un poco. Desayunamos bastante contundente y subimos a recoger la habitación y cargar el coche.

Habíamos leído en una guía del hotel que valía la pena visitar la Casa Nórdica, junto a la universidad, y allí que nos fuimos. El paseo fue tranquilo y no había casi nadie.

Después de cruzar el lago Tjörnin y el ayuntamiento, pasamos por delante de un ministerio ubicado en una antigua casa señorial, de la que salieron varios políticos escoltados y se subieron a los coches oficiales que esperaban cortando la calle. Bordeamos el lago y recorrimos los senderos de la universidad.

Reykjavík desde la Universidad

Llegamos a la casa y nos pareció que estaba cerrada, no había ninguna indicación y como desde fuera no nos llamó mucho la atención preferimos pasar de largo.

Vimos un par de edificios de la universidad bastante chulos y rodeamos una zona que, por lo que entendimos en los carteles, es una reserva para aves alrededor de Vatnsmýri.

Cruzamos Hringbraut por una pasarela y recorrimos el barrio de casas señoriales hasta la iglesia Hallgrímskirkja. Allí decidimos desviarnos hacia Holt, un barrio al este donde esperábamos encontrar una galería de arte que Rafa quería visitar. En el hotel de Egilsstađir había visto unos cuencos con mango de cuerno que le gustaron y al preguntar le dijeron que posiblemente los encontraría allí.

Casas de colores por Reykjavík

El aspecto de la ciudad cambió por completo al salir del centro, pareciéndose más a una ciudad americana con espacios amplios, muchos comercios en casas bajas con aparcamiento y edificios altos de viviendas.

Tardamos un buen rato en llegar hasta la galería y lo que queríamos no lo tenían, así que emprendimos el camino de vuelta. No había prisa, hasta las 22:00 de la noche no salía nuestro avión. Las terrazas del centro de Reikiavik estaban a reventar aprovechando el buen tiempo.

Decidimos comer en un local de sopa ramen que vimos el día anterior en el puerto pesquero, Ramen Momo, un sitio pequeño con 9 ó 10 banquetas alrededor de la barra y una carta de ramen clásico y con ingredientes típicos de Islandia. Pedimos dos sopas, una clásica de cerdo charsiu y otra, más islandesa, con langosta. Bebimos agua del grifo y todo nos costó 3780 ISK/27,21€. Bueno, abundante y barato.

Ramen Momo, Tryggvagata 16, 101 Reykjavík (TripAdvisorGoogle)

Ambiente en el centro de Reykjavik

Se empezaba a hacer un poco cuesta arriba el día, no teníamos mucho más que hacer y todavía quedaban bastantes horas. Dimos la vuelta por la bahía para volver a ver el Harpa y desgraciadamente también El viajero del sol, porque Antonio se empeñó.

Nos acercamos al hotel a asegurarnos que no había problema con dejar el coche allí. No nos habían cobrado el día de aparcamiento, pero no estábamos muy convencidos de que la chica de recepción tuviese claro que nos iríamos tan tarde.

Los sofás del hall nos parecieron un poco incómodos para estar esperando con el ordenador, y queríamos aprovechar para revisar fotos, así que fuimos a la cafetería de enfrente, Kaffibrennslan. Pedimos un par de cafés con leche y una galleta, nos serviría de postre y para hacer tiempo.

El viajero del sol

Estuvimos hasta casi las seis de la tarde entre el café y la recepción, sacamos el coche y fuimos al aeropuerto. Teníamos que llenar el depósito y devolver el coche en CarsIceland. Como al llegar tardaron casi una hora en dárnoslo pensábamos que tardaríamos mucho más en devolverlo, pero nos atendieron enseguida.

A las 19:30 ya estábamos en el aeropuerto. Esta vez fuimos caminando en lugar de esperar el bus gratuito como hicimos a la llegada, no son más de 500 metros hasta la terminal de salidas (tenéis toda la información del traslado al aeropuerto en la entrada cómo ir del aeropuerto a Reikiavik).

Estuvimos haciendo tiempo para que abriesen el mostrador de facturación. Aquí nos dimos cuenta de lo poco acostumbrados que están los islandeses a viajar, porque la liaron en la cola. Cenamos un perrito caliente y una pizza en la zona de embarque y a las 22:00 nos metían en el avión.

El vuelo salió en hora y a las 6:00 estábamos en el aeropuerto de Alicante recogiendo nuestro coche. A las 7:30 estábamos ya en casa, que por cierto estaba manga por hombro, ya que esa semana nos mudábamos.

Ha sido, sin dudarlo, uno de los mejores viajes que hemos hecho hasta la fecha y seguro que en ningún otro sitio nos sorprenderá tanto la naturaleza árida y dura como en Islandia.

Os recomendamos que miréis muy bien cuando vais a Islandia. Si en temporada baja, cómo fuimos nosotros, había tanta gente en determinadas zonas, no queremos ni pensar lo que será en temporada alta.

Vistas de la isla desde el avión