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Argentina día 17

Iguazú - Buenos Aires - Palermo Soho

14 de abril de 2026

Alas 6:30 volvíamos a estar en la terraza viendo el amanecer, esta vez con el cielo totalmente despejado, pudimos ver cómo despuntaba el sol y lo teñía todo de color rojo anaranjado.

Bajamos a las 7:30 a desayunar, el comedor estaba más lleno y nos sentamos en una mesa del centro, decidimos coger cosas del bufé y pedir sólo la tostada con los huevos escalfados que nos gustó mucho el día anterior.

A las 8:00 nos fuimos a recorrer de nuevo los alrededores, nos quedaba una hora para que nos recogiese el chofer para ir al aeropuerto. Fuimos al recorrido superior para hacer un tramo pequeño, aprovechando que éramos los únicos allí, y volver al hotel.

Amanecer sobre Iguazú
Último paseo por el Circuito Superior en Iguazú

Nos invitaron al traslado de vuelta por un problema que tuvimos con la mesa del desayuno, el conductor era muy majo y nos recogió súper puntual. 30 minutos más tarde ya habíamos facturado las maletas, pasado el arco de seguridad y estábamos en la sala VIP del aeropuerto esperando el embarque.

Despegamos a las 10:30, todo en hora. Fue el primer vuelo que no iba hasta los topes y teníamos el asiento de enmedio de nuestras filas vacío, así que fuimos muy cómodos.

Nos recogió en el Aeroparque de Buenos Aires un taxi que enviaba el hotel, repetimos en el 5411 SOHO Hotel Boutique, está muy bien ubicado en el centro de Palermo pero a la vez muy tranquilo para dormir.

Avión sobre Iguazú
5411 SOHO Hotel Boutique

A las 13:00 teníamos el check in hecho y las maletas en la habitación y fuimos a buscar un sitio para comer. Se notaba que ya no eran vacaciones y que en esa zona había al mediodía poco turismo, estaba todo muy tranquilo y los restaurantes con poca gente.

Nos sentamos en Il Matterello, a Antonio se le antojó pasta al pasar por delante y tenían una carta bastante apetecible. Pedimos un viteltoné de entrante, unos tortellini in brodo y unos raviolis verde de zucca. Bebimos agua del grifo y costó 50€/80.000$. Bastante más caro que un bodegón pero la pasta estaba muy buena.

Salimos a pasear un rato más por Palermo, como si no lo conociésemos ya, jeje, pero nos encantó y siempre había alguna calle o zona más alejada que no conocíamos.

Il Matterello. Gorriti 5110, Buenos Aires (Google Maps)

Tortellini in brodo de Il Matterello

Como no habíamos tomado café, entramos en Ispica, una cafetería en la esquina de Thames con Costa Rica, un local en chaflán muy chulo con un café muy bueno. Pedimos también una galleta de chocolate con sal estilo USA que nos recomendó la camarera y que estaba de muerte (al parecer este local está ya cerrado mientras escribimos esta página, pero tienen otro en la calle Gorriti).

Calculamos nuestro recorrido para pasar por delante de Casa Filo a recoger los cuchillos que encargamos a mitad de viaje. El día anterior habíamos hablado con Lore para pedirle cuatro más, ya que nos había sobrado presupuesto y solo con cuatro nos quedábamos cortos. Recogimos las dos cajas de cuchillos, afilados, brillantes y con el logo de Silvestres en un lado del lomo. Nos despedimos de Lore que nos trató con muchísimo cariño.

Hicimos un par de paradas más para ultimos regalos, un par de mates con sus bombillas y nos fuimos al hotel a dejar las bolsas y descansar un poco.

Ispica. Gorriti 5295, Buenos Aires (Google Maps)

Ispica Café

A media tarde salimos de nuevo, haciendo primero una parada en la cafetería del hotel, en realidad era la entrada al hotel que se hacía a través de la cafetería-pastelería Amasadero, y que cada vez que pasábamos olíamos a hojaldre recién hecho y chocolate y se nos hacía la boca agua. Pedimos dos cafés y dos pain au chocolate, y disfrutamos de ellos sabiendo que era la última tarde en la ciudad.

Fuimos a una especie de centro comercial tipo outlet al aire libre que hay entre Palermo Soho y Palermo Hollywood, llamado Distrito Arcos porque la mayoría de tiendas están ubicadas en los arcos que forman las vías del tren, parecido a lo que vimos en el Parque Tres de Febrero unos días antes.

Volvimos dando un rodeo por Uriarte y Gorriti, esa zona no la habíamos recorrido y había locales y tiendas muy chulos y paramos a comprar unos cuantos botes de dulce de leche (de la cadena Dulce de Leche & Co) y un montón de alfajores Cachafaz, Conan y Havanna, para nosotros y para regalar. La maleta ya podía pesar 23kg o más ya que volvíamos en primera y no nos pondrían problemas con el peso.

Merienda en Amasadero
Outlet Distrito Arcos

Teníamos mesa reservada para cenar Niño Gordo, a dos manzanas del hotel justo enfrente de Ispica, de hecho habíamos visto el restaurante desde la ventana de la cafetería y habíamos hecho la reserva online porque nos apetecía cenar comida asiática. No sabíamos que estaba de moda y cuando llegamos había cola en la puerta, pasamos enseguida porque teníamos reserva y nos sentaron en una mesa junto a la pared entre la sala y la barra.

El local está decorado muy kitsch, lleno de farolillos rojos, luces rojas y papel pintado con dragones mezclado con mesas y azulejos que recuerdan a un colegio de los años 80. Es tan kitsch que queda bien.

Era la última cena y elegimos sin mirar ni los precios, tocaba disfrutar. Pedimos dos cócteles para empezar: un Pedro Pera con Sernova, sake, martini, agua de azahar y limón; y un Shisawa con gin, espuma y shiso, al estilo pisco sour. Para cenar, tataki de bife, katsu sando (también de bife) y pollo Pekín, de postre un mango rice, y para el resto de la cena tomamos agua mineral.

Fue con diferencia la cena más cara y peor del viaje. El tataki estaba bien pero llevaba demasiado arroz, el sando no tenía mucho que destacar (habíamos comido carne mucho más buena durante el viaje) y el pollo estaba crudo, cuando lo dijimos quisieron hacerlo más pero ya estaba el plato medio deshecho intentado sacar la carne para rellenar las tortitas y como no nos hacían caso los camareros, cuando conseguimos decirlo había pasado mucho rato. Lo mínimo hubiese sido ofrecernos repetir el plato completo o no cobrarlo, un pollo crudo para hacer tortitas estilo Pekín no tiene sentido. El postre estaba bastante bueno. La cena costó 125€/220.000 pesos argentino, por 3 platos y un postre que no estaban a la altura, (lo mismo que cenar 3 personas en Francis Mallmann en Mendoza en una mesa grande con mantel y 2 camareros pendientes de ti todo el rato y con 3 platos y postre por cabeza). Ni siquiera os vamos a poner la dirección, no vale la pena, no os lo recomendamos.

Al salir dimos una vuelta más antes de dormir, en ese momento, aunque nos resultó caro, estábamos tan felices del viajazo que nos habíamos pegado que ni nos importó.

Palermo de noche
Palermo Soho de noche