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Corea del Sur día 7

Mercado de Gyodong · Parque Gyeongsang-gamyeong · Escuela Confuciana Hyanggyo de Daegu · Daereungwon Tomb Complex · Hwangnidan-gil

14 de marzo de 2024

Esa mañana madrugamos menos de lo habitual, ya estábamos superando el jet lag de los primeros días, y desayunamos en el Rivertain Hotel. Había una parte de desayuno asiático y otra occidental, la variedad era mayor en la parte de comida asiática, pero no nos apetecía desayunar kimchi por mucho que nos gustase. Al final optamos por unas French toasts con fresas y plátano, cruasanes, tarta de manzana, dos zumos de naranja, dos bebidas con fermentos probióticos lácteos y dos cafés con leche.

Entre el hotel y la estación de tren de Daegu se encontraba el mercado de Gyodong y decidimos dar una vuelta. Aunque era temprano y había poco movimiento, ya estaban abriendo los puestos de segunda mano (este mercado se originó durante la Guerra de Corea en 1951 como un mercado improvisado, y a día de hoy sigue en marcha, siendo famoso por sus buenos precios). Vendían de todo, desde prendas de ropa, zapatos o pelucas hasta dispositivos electrónicos. Lo que más nos llamó la atención fue la cantidad de puestos que vendían vestimentas militares, uniformes, cascos, máscaras antigás… También recorrimos otra zona más cuidada y dedicada a la joyería y accesorios, con docenas de tiendas y pequeñas fábricas.

Gyodong Market Jewelry

Seguimos caminando cruzando Jungangdae-ro y llegamos a la zona de los zapateros (nos parecía muy curioso como estaba todo dividido por gremios) y desde allí nos fuimos a pasear por el precioso parque de Gyeongsang Gamyeong donde se conservan varios edificios históricos con un diseño tradicional muy colorido, rodeados de fuentes, estanques, senderos empedrados y explanadas de césped y flores. Los árboles estaban empezando a florecer y los vecinos se habían reunido en los bancos para charlar y descansar. Es un parque pequeño pero con mucho encanto. El chico que trabajaba en el kiosko de información al escucharnos, se asomó para darnos la bienvenida en español, los coreanos nos estaban pareciendo muy sociables y amables.

Gyeongsang Gamyeong Park

Para la siguiente parada del día necesitábamos coger el metro en la estación de Jungangno, justo al lado del parque. Nos bajamos en la estación de Myeongdeok y nos pusimos a callejear hasta llegar a la escuela confuciana Hyanggyo de Daegu, fundada en 1398. Hoy en día ha perdido su función como escuela, pero sigue siendo un importante espacio cultural y espiritual para la ciudad. Se encontraba en una zona sobreelevada a la que se llegaba por unas escalinatas. De repente nos dimos cuenta que estaban celebrando algo, estaba todo lleno de gente con puestos y decoración por todas partes. Y es que nuestra visita coincidió con el Seokjeon Daeje, un ritual en honor a Confucio y otros sabios confucianos, que se celebra dos veces al año, en primavera y otoño coincidiendo con el cambio de estación.

Por un momento nos dio la sensación de que era un evento privado y nos dimos la vuelta, pero uno de los organizadores nos vio y nos invitó a entrar, y no solo eso, sino que nos pusieron en primera fila para poder participar y fotografiar todos los actos (de hecho acabamos saliendo en un periódico local como los únicos turistas occidentales que habían asistido al evento), por experiencia os decimos que en este país los visitantes son recibidos con los brazos abiertos (no era la primera vez que nos trataban así).

Seokjeon Daeje en Hyanggyo
Seokjeon Daeje en Hyanggyo

Pudimos disfrutar de la entrega de ofrendas tradicionales, procesiones ceremoniales con todos los participantes vestidos con trajes confucianos (cada uno juega un papel concreto según la jerarquía), y acabó con la entrega de presentes y una comida típica coreana. Nos dieron regalos (unas toallas bordadas) e incluso un tique para comer con ellos en un gran salón con todos vestidos con sus mejores galas, pero sintiéndolo mucho teníamos que irnos porque debíamos dejar la habitación de hotel a las 12. Una señora que había estado hablando con nosotros (porque había visitado Toledo años atrás) nos regaló unas naranjas para el camino.

Fue una experiencia que no olvidaremos, aunque no vamos a mentir, estábamos muertos de la vergüenza con las pintas de turistas que llevábamos.

Escuela Confuciana Hyanggyo

En lugar de volver en metro, decidimos hacerlo caminando, siempre teniendo como punto guía la gran noria de Dongseong-ro Spark. Pasamos por delante del Parque Central Conmemorativo 28 de Febrero donde vimos otra “Estatua de la Paz” como en Jeonju, monumentos simbólicos que honran a las «mujeres de consuelo», víctimas de esclavitud sexual durante la ocupación japonesa (representan a una joven coreana sentada y mirando hacia el horizonte, símbolo de dignidad, resiliencia y recordatorio de la importancia de la memoria histórica y los derechos humanos).

Recogimos las maletas, hicimos el check out y nos subimos al coche rumbo a Gyeongju. El tráfico a la salida de Daegu estaba bastante denso, pero en poco más de una hora estábamos saliendo de la autovía por el carril Hi-Pass del peaje de Gyeongju, que parecía más la puerta de entrada a un templo con tejados tradicionales.

Hi-PASS en el peaje de Gyeongju, Corea del Sur

Hicimos el check-in en el Gyeongju GG Tourist Hotel. Estaba un poco alejado del centro y parecía el típico hotel de congresos, pero lo habíamos elegido porque tenía aparcamiento. La habitación no estaba mal, pero nos la dieron en la fachada donde daba la solana y pedimos que nos pusieran en la otra parte.

Eran cerca de las 14:00 y necesitábamos comer. Nos fuimos caminando hacia la zona antigua y callejeamos por una zona llena de murales hasta llegar a una calle con varios locales. Nos llamó la atención uno que tenía en la entrada una vitrina con una reproducción de sus platos que nos recordó mucho a nuestro viaje a Japón por el arte sampuru.

Gyeongju GG Tourist Hotel

El restaurante ofrecía menús del día que parecían bastante contundentes por las fotos. Probamos la especialidad de la casa, el bossam, panceta de cerdo cocida a fuego lento y servida en rodajas, acompañada de ssam (hojas de lechuga), kimchi, encurtidos variados, salsa de camarones salados (saeujeot), pasta ssamjang (elaborada con pasta de soja fermentada doenjang  y pasta de chiles gochujang), arroz hervido y un cuenco de sopa miso. Nos pusimos las botas y todo por 20000KRW (unos 6€ cada uno).

Bossam (오행족발), 48-8 Sajeong-dong, Gyeongju (Google)

Bossam en Gyeongju

Después de comer fuimos hacia la zona de Hwangnidan-gil, un animado barrio lleno de hanoks rehabilitados que albergan restaurantes de todo tipo, tiendas y sobre todo cafeterías. Callejeando llegamos a Wolseong Bakery (월성과자점) y aprovechamos para tomar un café con vistas a los túmulos reales desde su terraza. Nos tomamos un capuccino y un cold brew acompañados de un trozo de tarta de chocolate y un financier (23000KRW, unos 14€).

En Gyeongju, sobre todo las chicas iban vestidas con el traje tradicional coreano, el hanbok, nos recordó mucho a cuando estuvimos en Kyoto donde también era costumbre vestir con el kimono tradicional.

Wolseon Bakery (월성과자점), Gyeongju-si, Hwangnam-dong, 80번지 KR (Google)

Wolseon Bakery

Eran las 16:00 cuando salimos de la cafetería y nos metimos directamente en el parque de túmulos de Daereungwon Tomb Complex, lo más característico y llamativo de Gyeongju. La entrada era gratuita y nos encantó recorrer los senderos rodeados de vegetación junto a las tumbas que estaba repartidas por todo el recinto. En una de ellas presenciamos una de las escenas más raras y estrambóticas que hayamos visto jamás: una señora estaba gritando y haciendo aspavientos a modo de plegaria u oración delante de uno de los túmulos. Pensábamos que de un momento u otro se iba a transformar en superguerrero como en Dragon Ball. Fue bastante impactante.

Túmulos de Daereungwon en Gyeongju

Nos sentamos en un banco junto a un gran estanque donde se reflejaban las grandes tumbas con forma de colina y estuvimos un buen rato descansando y hablando sobre todo lo que estábamos disfrutando en este país. Aprovechando que empezaba a atardecer y que los túmulos se estaban tiñendo de naranja con la luz del sol, subimos de nuevo a la terraza de Wolseon Bakery  para hacer unas fotos, y de ahí callejeamos hasta llegar a otra cafetería, Skunk Works Roastery (a los coreanos les encantan las cafeterías, pero a nosotros más). Nos tomamos dos cafés con un cruasán (19000KRW, unos 11,80€) y en este momento dimos a conocer por redes sociales nuestro nuevo proyecto: Silvestres laboratorio gastronómico (podéis seguirnos en nuestro perfil de instagram @bysilvestres).

Atardecer sobre Gyeongju
Skunk Works Roastery

Dimos un buen paseo al anochecer por el casco antiguo, callejeando para descubrir todos los sitios chulos que se escondían en torno a la calle Hwangnidan-gil, el centro neurálgico de la zona. Todos los hanoks se han reconvertido en cafeterías de moda, boutiques y restaurantes. Había varios locales y puestos callejeros donde vendían la famosa masa rellena de queso con forma de moneda de 10 wones (que habíamos visto ya en Seúl y Jeonju, pero aún no habíamos probado). Aprovechamos para comprar los típicos sándwiches de mantequilla fermentada rellenos con ocho sabores distintos (caramelo de pistacho, sésamo negro, higo, arándano, matcha, ron con pasas, chocolate y limón con eneldo) en Hwangnam Sand (황남샌드). Cada sándwich estaba hecho a mano y empaquetado individualmente y nos dieron una bolsa isotérmica para mantenerlos bien fríos (16200KRW, unos 10€).

Habíamos reservado para cenar en uno de los restaurantes de la calle Go Dore, situado en un edificio de madera con dos plantas, donde había un montón de jóvenes coreanos (buena señal). El sitio nos gustó mucho. Tomamos una tortilla de gambas y calamar y una botella de makgeolli, por 27.000 KRW (16€).

GoDore (오행족발), 1074 Poseok-ro, Gyeongju-si (Google)

Hwangnidan-gil en Gyeongju
Go Dore

Volviendo al hotel, no pudimos resistirnos a comprar un té de fresa que preparaba un robot en una esquina de la calle Hwangnidan-gil. El té no nos gustó nada, lo tuvimos que tirar, menos mal que no fue muy caro (3000KRW, unos 1,86€), aunque lo habíamos hecho por la gracia de ver cómo un brazo mecánico lo elaboraba.

Pasamos junto al parque de túmulos que estaba iluminados por la noche, y nos fuimos directos a la cama.

Túmulos de Gyeongju de noche