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Lisboa día 4

Feira da Ladra, paseo por Alfama, Igreja de São Domingos, Ponte 25 de Abril y cena en Marvila

12 de octubre de 2019

Como la previsión era que estuviese nublado, no madrugamos tanto como el resto de días. A las 8:30 estábamos desayunando en Chiado Caffe, un establecimiento de barrio con muy buen producto y muy amables. Tomamos dos zumos de naranja, un café con leche, un chocolate, dos pastéis de nata, un cruasán de chocolate y un Pão Deus. Nos supo a gloria.

Chiado Caffe. Rua do Loreto 45 47,  Lisboa (TripAdvisor – Google)

Nos acercamos a ver otra vez el funicular de Bica que está a pocos metros de la cafetería. Esta vez el vagón que estaba arriba era el que está mejor conservado y había poca gente, pero el día estaba nublado y las fotos no quedaron tan chulas. Al lado del funicular hay una parada del tranvía. Aprovechamos para coger allí el 28E y nos bajamos en Voz Operário, la parada más cercana al mercadillo de segunda mano de Feira da Ladra, en el Campo de Santa Clara.

Funicular de Bica

Llegamos cuando todavía estaban montando muchos de los puestos. Recorrimos todo el mercadillo. Es una zona bastante amplia, los puestos rodean el edificio del mercado de Santa Clara y los tres jardines que forman el campo.

Necesitábamos entrar en calor. Al estar nublado hacía más frío que el resto de días, así que nos metimos en Copenhagen Coffee Lab, una cafetería de estilo nórdico con muy buen café y bollería. Nos pedimos un par de chocolates calientes y unas napolitanas, nos pudo la gula. Estuvimos haciendo tiempo hasta que salió el sol y volvimos a recorrer el mercado en dirección a Alfama.

Copenhagen Coffee Lab. Campo de Santa Clara 136, Lisboa (TripAdvisor – Google)

Fuimos bajando por calles escalonadas y callejuelas hasta el mirador de Santo Estêvão, recorriendo este barrio tan auténtico, con fachadas de azulejos y colores, ancianos reunidos, niños correteando, mujeres tendiendo la ropa…

Miradouro de Santo Estêvão · Feira da Ladra · Copenhagen Coffee Lab

Vimos a varias señoras ofreciendo chupitos de ginjinha a 1€, en los bancos de alguna plaza. Habíamos leído que hay señoras que la ofrecen desde la ventana de sus casas y queríamos probar la de alguna de ellas.

Encontramos a Doña Cándida, en la Rua do São Miguel ofreciendo su licor en la puerta de casa. Es el mejor que probamos, sin lugar a dudas, y es una mujer muy simpática. Mientras nos tomábamos el licor se acercaron unos cruceristas y le pidieron probarlo, pero cuando les pidió el dinero dijeron que no, la señora puso cara de: «qué morro tiene la gente».

Ginjinha o ginja, es un licor muy dulce obtenido mediante la maceración de guindas. Es muy popular en Portugal, sobre todo en Lisboa y el Algarve, así como en Galicia, donde se le conoce simplemente como licor de guindas.

Continuamos bajando por Alfama, pasamos por la Rua da Judiaria donde se conservan parte de las antiguas murallas de la ciudad. Y llegamos hasta el río para hacer unas panorámicas del barrio desde el Campo das Cebolas. Tuvimos la suerte de que justo en ese momento se despejó el cielo, dejando un buen solazo para nuestra foto.

Callejuelas de Alfama · Doña Cándida y su ginjinha
Panorámica de Alfama desde el río

Cogimos la Rua dos Bacalhoeiros y subimos por Madalena para volver hacia arriba. Vimos una ferretería de las de toda la vida y Rafa no pudo resistirse a comprar moldes para hacer pastéis en casa, habíamos visto muchos, sobretodo en tiendas de souvenir, y estos fueron los más baratos.

De allí nos fuimos al mirador de Graça. Íbamos a subir por el elevador del castillo pero había tanta gente que decidimos ir por las escaleras y luego caminar hasta el mirador. Llegamos allí a las 12:30 cansados y sedientos por el calor que teníamos y nos sentamos en una mesa junto a la barandilla a tomar una cerveza. Es sin duda uno de los mejores miradores, la plaza con el quiosco y las mesas le dan un encanto especial, y además hay varios árboles que dan sombra.

Cerveza (vacía) en Graça · Ferretería

Estando allí sentados estuvimos pensando dónde comer, y hablando con nuestra amiga Pilar (quien nos había recomendado mucho de los restaurante, vive en Lisboa), nos convenció para reservar en Santa Clara dos Cogumelos, un restaurante en el mercado de Santa Clara en el que todos los platos llevaban setas. Era arriesgado porque no somos muy amantes de las setas, pero ella aseguraba ser de lo mejor. Hicimos la reserva para las 14:30 y decidimos pegarnos una ultima caminata para ver la Igreja de São Domingos.

Antes de irnos entramos al convento de Nuestra Señora de Graça, que actualmente sirve como sala de exposiciones. Hay un par de salas visibles, todas decoradas con el típico azulejo portugués.

Bajamos hasta Martim Moniz y cruzamos por la calle peatonal Barros Queirós. Al final está uno de los locales más famosos para tomar ginjinha Espinheira. No pudimos resistir la tentación de volver a probarla (y sin comer nada, la que íbamos a pillar entre licores y cerveza…), pero os aseguramos que es muchísimo mejor la de Cándida. Esta sabía más industrial, más procesada.

A Ginjinha. Largo São Domingos 8, Lisboa (TripAdvisor – Google)

Justo al lado está la iglesia, famosa porque se quemó a mitad del siglo XX y tuvo que ser reconstruida pero se dejaron los muros de piedra tal cual quedaron, pudiendo diferenciar perfectamente la parte quemada de la reconstruida.

Azulejos portugueses en Graça · A Ginjinha · Igreja de São Domingos

Se hacía tarde y tocaba volver a Santa Clara, estaba siendo un día ajetreado de bajar y subir la colina. Decidimos subir aprovechando parte de las escaleras mecánicas que hay en Martim Moniz, las Escadinhas da Saúde. Desde allí callejeamos dejando Graça a la izquierda y el castillo a la derecha hasta llegar al mercadillo de nuevo.

Subimos al restaurante que está en el primer piso del mercado. Nos habían guardado una mesa junto a la ventana con vistas a los puestos. En los viajes siempre tenemos mucha suerte con eso, cuando reservamos nos guardan de las mejores mesas (sin pedirlo expresamente).

Pedimos varias cosas para el centro porque todo tenía muy buena pinta: huevo trufado a baja temperatura con crema de queso, champiñones en escabeche, paté de setas, rissotto de boletus y nueces, y de postre el éxtasis de Santa Clara (helado de boletus edulis con castañas glaseadas). Un par de cervezas, un café y agua filtrada para beber y la cuenta fue de 44,50€ en total.

Santa Clara dos Cogumelos, Mercado de Santa Clara, Lisboa (TripAdvisor – Google)

Santa Clara dos Cogumelos

Os aconsejamos que si vais a Lisboa no os perdáis este restaurante, nos pareció delicioso y eso que ya os hemos escrito que no somos amantes de las setas.

Al salir, bien satisfechos, nos dimos otro paseo por el mercado, que ya estaba a tope de puestos y de gente (es uno de nuestros imprescindibles en Lisboa), y volvimos a bajar a Alfama con la intención de ir hacia el centro. Bordeamos el Panteón y pasamos por delante de una chocolatería que tenía muy buena pinta. No pudimos resistirnos y entramos a verla. Nos invitaron a un bombón y al final acabamos comiéndonos cuatro más allí mismo (como si no hubiéramos comido desde hacía días).

Calçada do Cacau Chocolataria. Campo de Santa Clara 57, Lisboa (TripAdvisor – Google)

Calçada do Cacau · Panteón · Feira da Ladra

Con el estómago lleno a reventar, continuamos el recorrido por Alfama. Pasamos de nuevo por la casa de Doña Cándida y nos tomamos dos chupitos de ginjinha para rebajar la comida y le compramos una botella de su licor para compartirla con nuestros amigos y familiares. Antonio acabó de fotografiar cada azulejo que veía en las fachadas del barrio, igual que había ido haciendo por toda la ciudad y decidimos que era hora de ir a otra parte, era sábado y la zona estaba llena de cruceristas.

Bajamos al centro por el elevador del castillo, allí vimos un cartel de la policía que prevenía a los turistas que el costo que ofrecen por las calles (os lo empezamos a contar en el día 1) es en realidad pasta de laurel. Por eso lo ofrecen sin miedo ya que al no ser droga no es un delito y el turista se fuma el laurel tan tranquilo, lo peligroso es que el laurel es tóxico en grandes cantidades.

Fachadas de azulejos de Lisboa

Regresamos al hotel para dejar la botella y descansar unos minutos antes de bajar hacia Cais do Sodré y subir al tranvía 15E hasta la parada del Hospital Egas Moniz. La cuestión era no parar. Como el día se había despejado, habíamos decidido ir hacia el río y volver a ver el Ponte 25 de Abril iluminado por el sol de la tarde.

En esta ocasión sí que se apreciaba el tono rojizo que no pudimos ver con la bruma del día anterior. Hicimos varias fotos hasta que una gran masa de nubes ocultó el sol.

Ponte 25 de Abril al atardecer
Panorámica del Ponte 25 de Abril

Habíamos quedado a tomar una cerveza antes de cenar con nuestra amiga Pilar y su marido Pedro (nuestro consejeros gastronómicos durante el viaje). Desde donde estábamos hasta Marvila había un buen trecho. Es una antigua zona industrial reconvertida en zona de ocio que se está poniendo de moda entre los lisboetas que no quieren ir a zonas atestadas de turistas. Es otro imprescindible que ver y hacer en Lisboa.

Tuvimos que hacer un transbordo de casi una hora del tranvía al autobús 728 que nos llevaba directo hasta Marvila. Estábamos desesperados porque llegábamos tarde. Menos mal que Pilar nos avisó que se retrasaban porque nadie se podía quedar con su hija pequeña, Marta.

Al llegar, buscamos el lugar donde habíamos quedado con ellos, Dois Corvos, una cervecería que ofrece varios tipos de cervezas artesanas y algunos platos para picar. Estuvimos un buen rato charlando y probando las distintas variedades de cerveza, acompañadas de una tábua de queijos, mientras se hacía la hora de la cena.

Dois Corvos. Rua Capitão Leitão 94, Lisboa (TripAdvisor – Google)

Cervecería Dois Corvos

Antes de ir a cenar, nos fuimos a Musa, otra cervecería muy chula instalada en una antigua nave industrial. De perdidos al río. Pedimos un par de cervezas más mientras Marta jugaba y perdía la vergüenza.

Musa. Rua do Açúcar 83, Lisboa (TripAdvisor – Google)

Habíamos reservado en la nave de al lado. Después de despedirnos de Pilar y Pedro entramos al sitio de moda que no permite fotografiar en el interior para mantener cierto misterio y que siempre está lleno a reventar de lisboetas, Aquele lugar que não existe. Lleno de mesas por todos los rincones, con decoración ambientada en la naturaleza utilizando materiales reciclados y mucha madera.

Estaba hasta los topes y ya nos avisaron que pidiéramos cuanto antes, aún así la cena iba a tardar un rato. No nos importó, estábamos disfrutando de nuestra compañía. Tomamos una sopa del día de verduras, patatas asadas con bechamel y queso y una pizza exótica. La comida no nos acabó de convencer.

Aquele lugar que não existe. Rua do Açúcar 89, Lisboa (TripAdvisor – Google)

Fábrica da Musa

Volvimos a coger el autobús 728 y nos bajamos en Cais do Sodré, se notaba que era sábado, estaba la zona muy ambientada. Nos acompañaba una espectacular luna llena. Al llegar al hotel, tuvimos que recogerlo todo, hacer las maletas y nos metimos enseguida en la cama.

All día siguiente salía nuestro vuelo de vuelta muy temprano. Así que reservamos el Cabify para ir al aeropuerto y caímos rendidos. Esta ciudad nos había enamorado.

Luna en Lisboa