Corea del Sur día 3
Templo Bongeunsa · Gangnam · Starfield Library · Hongdae · Itaewon · Atardecer en N Seoul Tower
10 de marzo de 2024
Como siempre en nuestros viajes urbanos a las 7:30 estábamos ya en pie y arreglándonos para salir a desayunar, disfrutando de las vistas de la N Seoul Tower desde la habitación. Decidimos probar suerte en alguna cafetería de la zona ya que todas tenían una pinta increíble. Justo en la siguiente manzana al hotel encontramos una cafetería con una cantidad de bollería dulce y salada recién hecha que nos dejó flipando. Había pocas unidades de cada cosa pero una variedad inmensa. Elegimos de más, por supuesto, un sandwich de huevo y queso, otro de bacon y huevo, un cruasán bañado en chocolate crujiente, un pain au chocolat, dos financier de pecanas y un par de capuchinos (42.000 KRW, 26€).
El local tiene dos pisos con mesas y servicio de agua, nos pusimos cerca de una de las ventanas para ver el bullicio de la ciudad mientras desayunábamos. Nos encantó el sitio.

Cogimos el metro en dirección a Gangnam, a visitar primero el templo Bongeunsa, un templo budista en medio de los rascacielos de uno de los barrios más elitistas de Seúl. Se acercaba la celebración del cumpleaños de Buda por lo que el templo estaba decorado para la ocasión, en la entrada había bastante gente acercándose a hacer sus ofrendas y sus rezos y meditaciones. Nos encantan estos templos con sus grandes estaturas de los diablos protectores flanqueando las puertas de entrada y las diferentes ofrendas que se venden. Y nos gusta cotillear lo que compran para ofrecer e intentar descifrar su significado.
Una vez pasada la zona de entrada el templo es un remanso de paz, tiene un pabellón más grande, que parece más actual y que estaba lleno de farolillos de colores (también con ofrendas que se hacen en el cumpleaños de Buda), y desperdigados por el recinto hay pabellones más pequeños en los que había monjes rezando y gente haciendo más ofrendas. Los recorrimos casi todos y acabamos en una zona central donde hay un gran gong que estaban tocando en ese momento y una librería-cafetería con unas vistas increíbles del templo y alrededores.


Nos pedimos en la cafetería un té de dátil rojo (en España se conoce como azofaifo o chinchol) y unas galletas de arroz. El té no pudimos tomárnoslo porque tenía una textura espesa que no nos gustó nada, pero las galletas estaban deliciosas. La cafetería estaba genial para pasar un rato descansando.
Salimos del templo y bajamos hacia el centro comercial de Gangnam. Pasamos de casualidad por el monumento a la famosa canción Gangnam Style, los coreanos son muy estrambóticos y han puesto un panel con la letra en el que puedes reproducir la canción y el vídeo junto a una escultura de unas manos cruzadas, como en el baile que se hizo mundialmente conocido.
Un poco más abajo está Starfield Library, una biblioteca que se ha hecho famosa por la enormes estanterías llenas de libros equivalentes en altura a tres pisos y que ocupan buena parte del vestíbulo. Una de las estanterías la cruza una escalera mecánica, por lo que la gente intenta hacerse fotos bajando por ella con los libros detrás pero hay un guardia de seguridad intentando evitarlo, aunque con un poco de paciencia se consigue la foto. Al lado hay un centro comercial enorme (COEX Mall) sin demasiado interés y alrededor está lleno de edificios modernos y rascacielos. Nosotros decidimos no perder más tiempo en el barrio y cogimos el metro hacia el barrio de Hongdae.


Es un barrio universitario que está de moda y fuimos a recorrer una de sus calles más famosas, Hongdae Street, llena de tiendas, locales de ocio y restaurantes. Hay mucha gente joven y suele tener mucho ambiente, sobre todo después de comer y hasta la noche. Están reformando todos las calles de la zona, peatonalizándolas, lo que permite pasear con comodidad, además hay muchas calles laterales con menos movimiento pero con locales con mucho encanto.
Nos empezó a entrar el hambre, teníamos varios restaurantes anotados en el barrio, pero acabamos entrando en un pequeño restaurante en una callejuela que ofrecía platos de curry (al menos eso entendimos entre las fotos y el traductor de Google, porque la carta solo estaba en coreano). Nos pedimos dos platos de curry, su especialidad, picaban como un demonio, pero estaban riquísimos (teníamos que seguir acostumbrándonos al picante coreano). La comida fue baratísima, 29.000 KRW (unos 18€ los dos).


Como en el resto de la ciudad, el barrio estaba lleno de cafeterías y después de la comida nos apetecía un café con postre. Nos pedimos un café latte, un capuccino y un pastel de fresa muy divertido con forma de osito de peluche en el Cafe Been (20.300KRW, 12€), y continuamos disfrutando del paseo por el barrio, repleto de locales y negocios curiosos (nos estábamos empezando a familiarizar con la extravagancia coreana). Entramos también en la cafetería 943 King’s Cross, ambientada en el mundo fantástico de Harry Potter.
A medida que caía la tarde, las calles se animaban más y más, había espectáculos callejeros improvisados y gente por todas partes. Tras un rato disfrutando del ambiente, cogimos el metro para ir a conocer otro de los barrios más juveniles y animados de Seúl, Itaewon.

A las 16:00 estábamos cruzando el puente peatonal de Noksapyeong en Itaewon, con unas vistas muy chulas del monte Namsan y la torre de Seúl, sobre una autovía (volveríamos en otro momento a ver atardecer y hacer fotos nocturnas). En esta zona hay muchos bares y clubs nocturnos con infinidad de luces y carteles luminosos, pero a esas horas estaba un poco deslucido porque estaban empezando a abrir y no había mucho ambiente todavía.
Cuando decidimos viajar a Corea, nos habían recomendado ver una serie de Netflix, Itaewon Class, ambientada en este barrio y sin darnos cuenta, nos topamos con el local real donde el protagonista monta un bar en la ficción, que por supuesto tenía un enorme cartel publicitario con la cabecera de la serie.

Después de patear las calles principales de Itaewon, volvimos en metro hacia Myeongdong y Antonio tuvo la genial idea de subir caminando el monte Namsan para ver el atardecer bajo la N Seoul Tower, el sendero es chulo, va bordeando las antiguas murallas mientra se sube a lo alto de la montaña, pero hay muchos tramos de escalinatas que dejan sin aliento.
Una vez arriba, disfrutamos de la puesta de sol, haciendo unas cuantas fotos mientras la ciudad se iluminaba poco a poco, aunque el frío empezaba ya a picar. Nos abrigamos bien y emprendimos el camino de vuelta (de bajada nos costó mucho menos).

Un poco cansados y muertos de frío (no lo habíamos comentado pero estaban haciendo varios grados bajo cero estos días en Seúl), fuimos en busca de un restaurante de barbacoa coreana en Myeongdong, pero el que teníamos apuntado estaba ya cerrando. Acabamos en Korean BBQ Daol y fue todo un acierto, un local pequeño con un trato muy atento, el dueño metió nuestros abrigos en fundas de plástico para que no olieran a humo, nos explicó todo el protocolo para comer barbacoa, cómo montar los platos… y como éramos de España, nos ofreció su cerdo ibérico. Sin duda, para repetir, fue más cara que el resto de comidas y cenas en Seúl (64.000 KRW, unos 40€), pero estaba todo delicioso, la carne era de primera calidad.
Dimos una última vuelta por los puestos callejeros del mercado nocturno de Myeongdong y nos fuimos a dormir, habíamos aprovechado bien el día y al día siguiente tocaba cambio de ciudad.


