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Corea del Sur día 10

Gyeongju-Busan · Haedong Yonggungsa · Jagalchi y Sin-donga Market · BIFF Square · Gwangbok-ro · Lotte Observation Deck · Torre de Busan

17 de marzo de 2024

El despertador sonó a las 8, nos pusimos en marcha y fuimos a desayunar cerca de los túmulos, en una cafetería pequeñita, Coffee Place. Abría a las 8:30 y estuvimos unos minutos esperando en la puerta. Nos tomamos un capuchino y un chocolate caliente (no tenían nada para comer en ese momento y todo estaba cerrado a esas horas). Salimos de Gyeongju más tarde de lo que teníamos planeado y sobre las 10:45 estábamos en el peaje de Busan.

Nuestra idea era visitar temprano el templo de Haedong Yonggungsa, ubicado en un acantilado junto al mar, perfecto para ver en el amanecer. Cuando llegamos a la zona de aparcamiento, aquello parecía un parque temático, autobuses, coches, taxis, gente, ya era tarde y encima estábamos en domingo… Abortamos plan porque así no íbamos a disfrutar nada la visita y nos fuimos directos a la ciudad.

El acceso a Busan se hace por grandes autovías entre el mar y la montaña, y fuimos disfrutando de las panorámicas entre rascacielos y puentes.

Carreteras en Busan, Corea del Sur

Teníamos que entregar el coche ese día en la agencia de Lotte y las condiciones eran que el depósito nos lo entregaban lleno y debíamos devolverlo lleno. Nada más entrar en Busan buscamos una gasolinera y repostamos. Como nos gusta hacer fotos de todo, el gasolinero que salía de fondo, aunque parecía muy serio, sonrió y saludó para la foto.

Llegamos a la calle del hotel Good Ol’Days Hotel y en éste no teníamos plaza de garage, pero aparcamos sin problemas en la puerta, donde había una especie de aparcacoches que daba un vale con un tiempo limitado (entendimos que el servicio era de pago, pero como solo íbamos a dejar las maletas y hacer el checkin y en seguida nos íbamos a devolver el coche, el señor nos dio el tique pero no nos cobró nada).

Repostando en Busan, Corea del Sur

El hotel era una chulada con un estilo setentero, todo de madera. Desde que lo vimos por internet y lo elegimos, estábamos deseando disfrutar de él, de hecho era uno de los alicientes de ir a Busan, porque aunque la ciudad es grande y hay mucho que ver, a nosotros tampoco nos llamó mucho la atención (es más un destino de playa y estábamos en mala época para eso). No estaba aún la habitación lista y dejamos las maletas en recepción.

Una vez registrados, cogimos de nuevo el coche y fuimos a la oficina de alquiler de Lotte cerca de la estación de tren de Busan. Se suponía que teníamos que devolverlo un par de horas más tarde, pero nos pareció un engorro tener el coche aparcado si ya no íbamos a ir a ningún sitio con él. El chico de la oficina nos empezó a chapurrear en inglés que como lo devolvíamos en una hora diferente a la que tocaba, nos iban a cobrar un extra en la tarjeta (eso es lo que entendimos y nos pareció fatal, pero su casa, sus normas). Al final, nos dimos cuenta que no nos iban a cobrar, todo lo contrario, nos descontaban esas horas que no teníamos el coche y nos devolvían el dinero a la tarjeta. Qué majos estos coreanos.

Recepción del Good Ol'Days Hotel en Busan

Una vez devuelto el coche, nos metimos en la parada de metro de Choryang, era la línea que pasaba por nuestro hotel y que llevaba al barrio de Nampo, donde nos bajamos para visitar el curioso y famoso mercado del pescado de Jagalchi a orillas del puerto. Tanto el mercado como las calles aledañas no son aptas para todos los olfatos, sobre todo si no os gusta mucho el pescado. Por la calle había puestos con mujeres arreglando bichos marinos raros, motocicletas con bandejas de pescado secándose al sol,…

En el edificio del mercado en sí, había puestos donde se compraba el pescado y el marisco en la planta baja (con un sinfín de especies marinas, algunas muy poco conocidas en Occidente), y restaurantes donde los cocinaban en la planta superior. Los vendedores de la planta baja exhibían su mercancía y mostraban su tabla de precios cuando pasábamos a su lado. A nosotros nos dio un poco de aprehensión y no comimos nada allí, pero nos pareció un sitio muy peculiar para acercarse a verlo.

Muy cerca se encontraba el Sin-donga Market, con puestos de marisco y pescado fresco al aire libre y muchas opciones de comida callejera con un poco más de orden que los puestos de la entrada a Jagalchi.

Jagalchi Market
Sin-donga Market

Paseamos por la zona de la BIFF Square (famosa por la celebración del Festival Internacional de Cine de Busan desde 1996), justo al lado del mercado, estaba repleta de gente y de puestos de comida. En el suelo había placas de bronce con la silueta de la mano y la firma de actores tanto coreanos como internacionales.

Se nos hizo la hora de comer y por casualidad acabamos entrando en un local de pollo frito que tenía pinta de restaurante de cadena rápida y estaba lleno de jóvenes. Nos pedimos un par de platos de pollo frito, uno picante y otro no picante, muy sabrosos los dos, acompañados de sus correspondientes cervezas. Nos costó 36500KRW, unos 22,75€.

Mubanna Chondak Chicken, 19-3 Nampo-gil, Jung-gu, Busan (Google)

Pollo frito en Busan

Después de comer dimos una vuelta por la zona comercial en torno a Gwangbok-ro, una calle amplia y en parte peatonal donde había tiendas de todo tipo, tanto internacionales como locales, fotomatones, restaurantes, cafeterías, y muchísimo ambiente.

Cerca de la estación de metro de Jungang, había una señora preparando en unos moldes unas magdalenitas con cacahuetes dentro y no pudimos resistirnos a comprar un paquete, que por cierto nos comimos en seguida porque eran adictivas.

Gwangbok-ro Fashion Street

Nos fuimos al hotel y nos tomamos un par de capuccinos en la cafetería de la recepción hasta que nos dieron las llaves de la habitación. Subimos las maletas y decidimos quedarnos un buen rato a disfrutar de la pedazo de habitación que teníamos, super amplia, con ventanales hacia la torre de Busan, muebles setenteros de madera, tocadiscos, snacks y set de café y té, libretas, postales y bolígrafos para personalizar, bañera para relajarse y una cama enorme y comodísima. Súper recomendable, no le faltaba ningíun detalle.

Dormitorio del Good Ol'Days Hotel en Busan
Escritorio del Good Ol'Days Hotel en Busan

Tras descansar un buen rato escuchando música en el hotel, salimos de nuevo a dar un paseo por la zona comercial, seguía animadísima. Entramos en varias tiendas de cosas frikis, como la de Kakao Friends, un montón de merchandising en torno a los emojis del Kakao Talk, el WhatsApp coreano. Había de todo, cosas para el hogar, muñecos, artículos de papelería,… y lo increíble es que los coreanos iban con las cestas llenas.

Acabamos en el centro comercial Lotte Department Store y subimos directamente a la azotea en la planta 13, donde se encuentra el Lotte Observation Deck, un excelente mirador con unas vistas impresionantes de la zona de Nampo, la Torre de Busan y el puerto. Estaba nublado y no íbamos a poder disfrutar del atardecer, y encima se levantó un aire helado. Así que decidimos entrar en el restaurante del mirador, de estilo francés. Nos pedimos dos chocolates calientes y dos sandwiches de huevo mientras se hacía de noche y la ciudad se iba iluminando.

Vistas de Busan desde Lotte Department Store
Vistas de la Torre de Busan desde Lotte Department Store

Bajamos a las 20:00 y en el enorme hall del centro comercial estaba empezando un famoso espectáculo de luces y música en la fuente de 3 pisos que había allí. Fue bastante divertido.

Aunque ya era muy de noche, decidimos subir a la Torre de Busan. El acceso desde Gwangbok-ro se hacía a través de varios tramos de escaleras mecánicas que tenían una decoración y una iluminación bastante psicodélicas. La torre se encuentra en lo alto de la colina del parque Yongdusan. Las vistas estaban chulas, pero tampoco eran nada del otro mundo (sobre todo porque no había ninguna parte del observatorio al aire libre), pero la visita se nos hizo muy amena por la cantidad de exposiciones e instalaciones interactivas. Además, había una especie de gymkana con acertijos a lo largo de todo el recorrido, y como los resolvimos, nos dieron un obsequio en la tienda de regalos.

Vistas desde la Torre de Busan

Decidimos cenar en un restaurante de autoservicio, los llamados 무인식당 (mu-in sikdang = restaurantes sin personal), muy típicos entre los jóvenes coreanos. El pedido y el pago lo hicimos de manera digital en una máquina táctil que había a la entrada (traduciendo con la aplicación de Google y el Papago porque estaba todo en coreano y no entendíamos nada). Había que escoger el tipo de fideos, el caldo, extras (como huevo), se metía todo en un bol, se ponía en una máquina que dispensaba agua hirviendo y se dejaba reposar. Nos los tomamos en el propio establecimiento, en una zona del piso de arriba habilitada con mesas. Al terminar, dejamos las bandejas sucias en un fregadero y nos fuimos al hotel.

Noodles de autoservicio en Corea del Sur

Compramos unos yogures de melocotón de una de las tiendas de conveniencia Nice to CU que había cerca del hotel para tomárnoslos en la habitación. También nos hicimos una infusión de té de menta antes de acostarnos, disfrutando de las vistas a la Torre de Busan desde los ventanales.

Vistas desde la habitación del Good Ol'Days Hotel en Busan