Argentina día 12
Recoleta - Palermo- Jardín japonés - Arcos de Palermo - Caminito - Plaza del Congreso - Villa Crespo
9 de abril de 2026
Nos despertamos bastante tarde para nosotros en un viaje, sobre las 8:30 estábamos vistiéndonos para ir a desayunar. Fuimos directamente a Café Bari, el local que la mañana anterior habíamos descartado, porque la avenida estaba esa mañana mucho más tranquila y el local vacío. Pedimos una par de flat white, dos pain au chocolat y un trozo de budín de limón. Todo estaba muy rico pero tardaron más de veinte minutos en prepararlos y estábamos muertos de hambre, la verdad es que el resto de cafeterías de la zona tardan mucho menos y están igual de buenas.
Salimos hacia el norte por la Calle Paraná todo recto cruzando las avenidas de Córdoba y Santa Fe y llegamos al Parque Vicente López y Planes donde vimos que había un pequeño mercado de productores, no teníamos pensado, ni había posibilidad, de cocinar nada pero nos paramos en cada puesto a ver el producto que tenían y cotillear un poco qué compraba la gente por allí.

Seguimos cruzando el parque por la Avenida General Las Heras, paramos a ver la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, uno de los edificios más famosos de la ciudad y con buenas vistas del barrio, pero justo ese día estaban fumigando y no se podía entrar. Subimos por Sánchez de Bustamante hasta la Avenida Libertador, esta última nos impresionó mucho. Es una avenida de diez carriles con grandes aceras llenas de árboles enormes. Pesa a la cantidad de coches, las zonas verdes le dan un ambiente relativamente tranquilo.
Nuestro destino era el Jardín Japonés que está un kilómetro más arriba, en el Parque Tres de Febrero (al que llaman Bosques de Palermo). La entrada al recinto se hace por la Avenida Casares, al final del paseo de toriis. Nos costó unos 24.000AR$ por cabeza, que equivalían entonces a 14€. Es un reciento pequeño con un lago lleno de carpas, un puente curvo rojo y otro en zigzag que cruzan el lago de lado a lado, una casa de té y un paseo que lo rodea lleno de faroles y esculturas de piedra. Todo muy japonés, pero tanto y en tan poco espacio que queda falso, como un parque temático, en realidad no nos recordó a ninguno de los parques o recintos que visitamos en nuestro viaje a Japón. La verdad es que si lo hubiésemos sabido, hubiéramos aprovechado ese tiempo para visitar el barrio chino de Belgrano que se nos quedó en el tintero.


Cruzamos todo el parque Tres de Febrero, que a esa hora estaba llena de gente haciendo deporte al aire libre y paseando alrededor de los lagos, hasta llegar a los Arcos de Palermo, una zona de restauración donde han aprovechas los arcos bajo las vías del tren como locales para los restaurantes. Viendo que hacía muy buen día, valoramos qué había que ver imprescindible con sol en la ciudad y decidimos que lo mejor era irnos a La Boca a ver Caminito, que además de estar al aire libre, las casas de colores son más bonitas de ver con sol y cielo azul.
Cruzamos la avenida y justo cuando llegábamos al otro lado paró un taxi a dejar un pasajero y aprovechamos para cogerlo. Normalmente usamos Uber por seguridad pero como el taxi estaba dejando ya a alguien nos pareció menos arriesgado, lo que no hicimos nunca es parar un taxi libre por la calle.
El taxista, como el resto de veces, fue majísimo y nos fue explicando los sitios por donde pasábamos. Nos dio un par de consejos de seguridad para coger un taxi de vuelta en La Boca y hasta dónde podíamos llegar paseando por el barrio.


Caminito es posiblemente el sitio más turístico de Buenos Aires, y nos referimos a esos sitios que nosotros llamamos «por y para guiris»: souvenirs cutres, restaurantes con cartas adaptadas a turistas, algún intento de timo, y camareros y vendedores que te acosan por la calle para que entres en sus locales (esto no lo habíamos vivido en ningún otro sitio en la ciudad). Por otra parte el ambiente es chulo, las casas de colores son muy bonitas y los antiguos conventillos (patios con casas comunales), almacenes y talleres reconvertidos en tiendas y restaurantes tienen su punto.
Entramos por Magallanes, vimos la famosa ventana que hace esquina con Caminito y seguimos la calle hasta las vías de tren, sin cruzarlas como nos había dicho el taxista. Giramos a la derecha por Garibaldi y en la siguiente esquina vimos cómo asaban chorizos y carnes para comer al paso. Pedimos un combo de choripán con chopp por 14.000AR$, que nos sentó de lujo, nos pareció realmente bueno.


Con esa agradable sensación que da haber comido bien pero sin hartarse y sin esperarlo, seguimos caminando esta vez bajando Caminito hasta el inicio de la caminata, había un montón de puestos de artistas callejeros. Subimos a una terraza-mirador en uno de los conventillos y entramos en varias tiendas a comprar un par de camisetas de la selección argentina para regalar a los sobrinos. Luego fuimos hacia La Bombonera, el estadio del Boca Júniors que queda cuatro manzanas al norte.
Es importante decir que no nos gusta el fútbol y ver un estadio nos da un poco igual, lo vimos porque ya que estábamos allí nos parecía que había que verlo y tener otra referencia visual más para las canciones de Sabina. Había un poco de cola en las taquillas para comprar entradas para el partido que se disputaría dos días después contra Independiente. Volvimos por la misma calle hasta la Avenida Pedro Mendoza y pedimos un Uber que nos llevase al hotel.


Dejamos las bolsas en el hotel, nos refrescamos un poco y pedimos en recepción que nos recomendasen un sitio donde comer, queríamos ir a algún otro bodegón, nos había encantado el tipo de comida y el ambiente de restaurante de antaño. Nos dijeron que solían recomendar uno que estaba cerca y que si íbamos de su parte nos invitaban al café.
El bodegón Chiquilín estaba a dos manzanas al oeste, en la misma Calle Sarmiento. Estaba medio lleno, en la mayoría de mesas había trabajadores de negocios de la zona. Nos sentaron en una mesa junto a la ventana al fondo del local y la camarera nos vio la tarjeta del hotel y nos dijo que al final nos pondrían los cafés o un licor invitación de la casa. Tenían menú del día y carta, nos decidimos por el menú que era muy completo y que tenía los platos que nos apetecía probar. Pedimos empanadas de entrante, un plato de ñoquis al ragú y otro de bife de chorizo con puré de patatas. Mientras esperábamos nos pusieron una cesta con pan, salsa criolla, hummus y chimichurri y las dos limonadas con lima que habíamos pedido para beber. Acabamos con un flan mixto y un par de cafés. El menú costó 22.000AR$/15€ por cabeza.

Bajamos desde el restaurante por Montevideo hasta la Plaza del Congreso. Hacía un día espléndido con sol pero fresco, en la plaza se estaba muy bien al sol haciendo fotos del edificio de estilo grecorromano con una monumental cúpula de cobre verdoso. Mirando justo al lado contrario, en dirección a la Plaza de Mayo, se ve la torre del Palacio Barolo, inspirado en la Divina Comedia de Dante de estilo Art Nouveau, neogótico y neorrománico. Tiene un gemelo en Montevideo y se dice que si ambos encienden sus faros instalados en lo alto de la torre desde uno se puede ver el otro.
Hicimos el camino inverso hacia Av Corrientes pero por la Calle Rodríguez Peña y nos compramos un helado en Cadore, para lo deliciosos que son los helados argentinos habíamos comido muy pocos.


Caminamos por la Calle Lavalle en dirección al barrio de Palermo, queríamos probar las facturas de Atelier Fuerza y había una sucursal en esa misma calle cerca del cruce con Av Córdoba. El recorrido nos gustó porque la calle va cambiando de ambiente y estilo según va avanzando, pasamos por una zona más residencial, en el siguiente tramos todos los comercios estaban especializados en fabricación de souvenirs, artículos para fiestas y disfraces tipo cotillón. Unas manzanas más al este eran tiendas de venta de telas al por mayor, con muchos edificios que indicaban una comunidad judía importante, y ya llegando a Almagro volvía a ser una zona residencial con restaurantes y comercios de barrio.
Atelier Fuerza tiene allí un despacho muy pequeño en el que ofrecen sus panes y facturas junto con algún que otro dulce y cafés de especialidad. Como el café del bodegón había sido bastante malo, decidimos pedir dos cortados, el café porteño por excelencia (que estaban muy buenos por cierto), y una medialuna de grasa y otra de manteca, las de grasa de ese casa son sin duda las mejores que probamos en todo el viaje, con esos cuernos extracrujientes sin ser demasiado grasosos.

Por la misma calle de Atelier, Jeronimo Salguero, fuimos hacia el norte hasta la Avenida Honduras y una vez allí caminamos al oeste para meternos de lleno en Palermo Soho. Conforme vas entrando a Palermo los edificios son de poca altura, normalmente de una o dos, aunque hay edificios de apartamentos enormes salpicados por la zona. Los locales también indican que estas acercándote a un barrio de ambiente más inclusivo con locales como MariCafé o tantos otros con la bandera LGTBI. Las grandes marcas nacionales e internacionales tiene por el barrio sedes de sus tiendas y hay preciosas tiendas de pequeños artesanos de todo tipo y librerías con encanto en las que apetece quedarse horas buscando ejemplares.
Cotilleamos la tienda de Mamuschka, una chocolatería originaria de Bariloche, y entramos en Libros del Pasaje, una de esas encantadoras librerías que os contábamos, con antiguas estanterías de madera hasta el techo, escaleras de mano apoyadas en ellas para llegar a las zonas mas altas, y una zona de presentaciones y cafetería al fondo con mesas para consumir y leer en un patio cubierto en el centro. Nos tomamos unas limonadas en una mesa alta de la cafetería mientras cotilleábamos algunos ejemplares de cocina. Estaban montando una presentación-lectura de un ensayo de una escritora porteña y para no molestar decidimos seguir callejeando por el barrio.


Recorrimos Palermo Soho por la zona entre plaza Serrano y Plaza Inmigrantes de Armenia. Ese día se celebraba en esta última el final del Pésaj (la pascua judía). Al lado de la plaza está Casa Filo, una de las tiendas de cuchillos artesanos más bonitas y con un producto inmejorable. Conocíamos sus cuchillos porque los usan en Fierro para el pase de carne, y como queríamos un juego para casa fuimos a ver si podíamos permitírnoslo.
Carito les había enviado un mensaje, así que ya sabían que pasaríamos por allí y la verdad es que Lore nos atendió con un cariño que daban ganas de llevarse la tienda completa. Estuvimos mirando opciones, ya que al ser artesanos son increíblemente bonitos pero eso también afecta al precio. Al final encargamos cuatro cuchillos de 12 cm de hoja con mango de madera y detalles en metal. Lore nos regaló como detalle de la casa grabarles el logo de Silvestres en el lomo.
Eran de los más económicos pero no pudimos permitirnos mucho más ya que quedaban muchos días por delante y los souvenirs salen siempre del presupuesto inicial del viaje, aún así nos parecieron preciosos y salimos felices de haber hecho la compra. Los recogeríamos al final del recorrido por el país antes de volver a España.

Era hora de ir hacia el restaurante que teníamos reservado en Villa Crespo y que nos quedaba a un par de kilómetros caminando. Tardamos una media hora en recorrer la zona entre los dos barrios. Chuí queda casi debajo de las vías del tren en la Calle Loyola. Una zona muy tranquila que nos recordó al ambiente del Meatpaking District de Nueva York, con edificios de ladrillo cara vista, antiguos almacenes y fábricas reconvertidos en restaurantes, locales de moda y casonas residenciales.
Al restaurante se accedía por un gran patio descubierto con árboles, palmeras y un depósito de agua con su característica estructura metálica que lo eleva dos o tres pisos sobre el nivel de la calle. Había muy poca gente porque era prontísimo y nos dejaron elegir mesa. La sala es grande y tiene al fondo la cocina y una gran barra en ele que ocupa las dos paredes del fondo y la derecha. Pedimos choclo frito con tajín y lima, ensalada de verdes, omelette de berenjena y fainazetta con mix de quesos y cebolla asada, dos vermús con sifón, y agua. Costó todo 74.500AR$/45€.
Al salir pedimos directamente un Uber al hotel, tocaba dormir ya que el vuelo del día siguiente era de madrugada.



