Argentina día 15
El Calafate - Aeroparque Buenos Aires - Iguazú
12 de abril de 2026
Nos despertamos a las 7:30, con todo ya recogido para desayunar rápido y poder llegar al aeropuerto a las 8:30. El cielo a esas horas estaba espectacular. Devolvimos el coche en 2 minutos, ya que teníamos el seguro a todo riesgo y no hacía falta comprobar el estado del coche, aunque estaba perfecto.
Había bastante cola para facturar en Aerolíneas Argentinas y nos resultó muy curioso de nuevo que a toda la cola les hicieran pagar sobrepeso si excedían el máximo de 15 kg pero a nosotros no nos dijeron nada y nos dejaron facturar nuestras maletas de 20kg. Creemos que debía ser nuestra tarifa, pero en las condiciones no decía que tuviésemos más kilos.


El vuelo salió a las 10:30. Como casi todos los vuelos que cogimos en el viaje, iba lleno pero fue muy tranquilo. Entre que subes, te dan un café y una galletas, lo recogen… se pasa el vuelo rápido.
Aterrizamos en el Aeroparque de Buenos Aires a las 13:00 y el siguiente vuelo hacia Iguazú salía a las 14:00, así que nos dio el tiempo justo de llegar a la puerta de embarque y ponernos en cola para subir al siguiente avión. Mientras empezaba el embarque, compramos un par de bocadillos para llevar que nos comimos en el siguiente vuelo.


Aterrizamos en Iguazú a las 15:40, con un cielo bastante nublado. Antonio estaba obsesionado con la previsión del tiempo para Iguazú esos días ya que ponía lluvias y de momento se cumplía, no llovía pero el cielo estaba cubierto y todo estaba mojado.
El hotel nos envió un coche para recogernos y allí empezó el capricho del viaje. En todos los viajes dejamos un poco de presupuesto para subir un poco el nivel de la experiencia, normalmente los últimos días. En este viaje fue la estancia en Iguazú, teníamos reservada una habitación en el único hotel de la parte argentina que está dentro del parque.

Llegamos al Gran Meliá Iguazú en media hora. El chófer nos había dado agua y unas toallas húmedas par refrescarnos y nos fue contando cosas sobre el acceso y la situación del hotel. Nos recibieron en la zona exclusiva para habitaciones The Level que tiene Meliá, donde nos dieron una copa de Champagne mientras hacían todo el check-in y nos informaban de los horarios, instalaciones, etc, reservamos para la cena de los dos días y nos aseguramos que podíamos salir a ver las cataratas a primera hora.
La habitación en la última planta, en el extremo este, con vistas directas a las cataratas nos dejó sin palabras. Ya nos daba igual que estuviese nublado, era sin dudarlo uno de los tres mejores hoteles por categoría y ubicación en los que habíamos estado (si queréis saber cuáles son los otros dos podéis leer nuestros viajes a Tailandia y Singapur y a Tanzania)

Teníamos una terraza espectacular, vistas panorámicas a las cataratas y el parque, una cama enorme e incluso el baño tenía vistas a las cascadas. Incluía acceso al lounge The Level, donde ofrecían una mesa de con refrigerios dulces y salados recién hechos durante todo el día, y un servicio de bebidas incluyendo cócteles, vinos y licores. Además podíamos usar el spa cuando quisiésemos. Acabar un viaje así es la leche.
Salimos de la habitación asegurándonos que la terraza estaba bien cerrada ya que había carteles avisando que los monos sabían abrir las puertas y era responsabilidad del huésped los destrozos que pudiesen hacer dentro de las habitaciones.

Recorrimos todo el hotel: la piscina, los restaurantes, el bar de azotea, el spa, para saber dónde estaba todo, y nos fuimos a The Level a tomar algunos de los platitos que ofrecían y un Bloody Mary riquísimo que nos hizo Álex, el camarero de esa tarde, era un chico majísimo al que le contamos nuestro viaje y la ponencia en el Festival Peperina. Le encantó el proyecto, tiene un negocio de productos de limpieza que elabora él mismo y quería meterse también a destilar y nos estuvo preguntando dudas sobre los procesos.
Antes de cenar, nos fuimos al spa a pegarnos un baño en el circuito de hidroterapia. Cuando teníamos los dedos tan arrugados que no podíamos ni cerrar la mano, nos fuimos a la habitación a cambiarnos y bajar a cenar.


El restaurante estaba muy tranquilo, nos pusieron en una mesa alejada del resto junto a la ventana. Pedimos una ensalada de queso de cabra, escarola y remolacha y una sopa de calabaza de entrantes, un rissoto capresse y un ojo de bife con verduras asadas como principales, y de postre un Martin Fierro y una tarta de chocolate. Teníamos pensión completa así que no sabemos lo que costaba.
Después de dar un paseo por el jardín del hotel nos fuimos a dormir, que al día siguiente queríamos madrugar mucho para ver el amanecer sobre las cascadas.



