Argentina día 14
El Calafate - El Chaltén
11 de abril de 2026
Tras el madrugón del día anterior y dado que íbamos a tener unas horas de coche, decidimos madrugar lo justo. A las 8:30 estábamos desayunando en el restaurante del hotel. Fue un desayuno sencillo pero suficiente. El plan era visitar El Chaltén, capital mundial del trekking, y hacer una pequeña caminata para intentar tener vistas del monte Fitz Roy.
Salimos media hora después bastante emocionados, nos encantan los viajes en coche por países desconocidos, nos parece a la vez emocionante y liberador, ya que te permite parar y conocer lugares fuera de los recorridos turísticos. Teníamos que atravesar parte de la estepa patagónica pasando junto al Lago Argentino y el Lago Viedma, unos 213km por una carretera que no estaba en las mejores condiciones en algunos tramos y con el peligro de que se cruzasen animales salvajes. Pusimos una buena lista de canciones en CarPlay y salimos a ver cuantos guanacos, ñandúes, cóndores, águilas, zorros y liebres conseguíamos ver.


En el tramo entre El Calafate y el aeropuerto el firme estaba en bastante regular estado pero el resto tiene muchos tramos en buenas condiciones. A la media hora de salir ya vimos el primer guanaco y a partir de allí no dejamos de ver manadas cada cierto tiempo. También vimos un águila posada en un poste media hora más tarde y algunos zorros y liebres en el camino.
Hicimos una parada pasada la mitad del trayecto en un mirador del lago Viedma, un lago glaciar enorme, rodeado de altas montañas por el oeste y de estepa por el este lo que da en conjunto un paisaje inhóspito pero precioso.


En toda la parte norte del lago vimos muchísimos más guanacos y justo entrando a El Chaltén empezamos a ver cóndores y tuvimos que parar en un mirador a verlos con calma con los prismáticos y poder hacer un par de vídeos.
Poco después de las 11:30 aparcábamos en el Centro de Visitantes desde donde salen varias rutas, entre ellas la del Mirador de los Cóndores. Dentro hay una sala de interpretación del parque, un guardabosques y baños. Estuvimos curioseando un poco y leímos que en esa zona había huemules o ciervos andinos y pumas (daban consejos si te topabas con uno, nos acordamos de nuestro viaje a Canadá y los encuentros con osos). Dimos los datos al guardabosques y subimos hacia el mirador. Tuvimos que enseñar las entradas al Parque Nacional Los Glaciares (habíamos comprado los pases para dos días) en la caseta de control al inicio de la ruta.
Tardamos veinticinco minutos en llegar arriba, es un paseo muy corto, con un poco de inclinación pero muy llevable, y con buenas vistas al pueblo y a las montañas. Cuando llegamos arriba se despejó durante unos minutos el Fitz Roy, que hasta ese momento había estado completamente cubierto por nubes. Había un par de rutas más largas, pero empezó a lloviznar y preferimos ir a la siguiente parada.


Romina, compañera de Antonio del hospital, es chaltenense y nos recomendó la ruta del Chorrillo del Salto. Cruzamos todo el pueblo para coger el camino que lleva al inicio del sendero pero estaba en muy malas condiciones con zonas inundadas y baches enormes. Como el coche era alquilado, no nos atrevimos a seguir y arriesgarnos a que se fastidiara, así que dimos la vuelta y recorrimos el pueblo.
Dimos un paseo por las calles principales, es un pueblo típico de montañistas pero algo destartalado, y decidimos ir a comer. El entorno es muy bonito (está declarado Patrimonio de la Humanidad), pero el pueblo en sí no tiene mucho que ver.
Entramos en La Oveja Negra, una parrilla con buena pinta que también nos había recomendado Romina. Nos sentaron en la única mesa disponible al fondo en una zona un poco más alta del local con buenas vistas tanto del restaurante como del exterior. Pedimos para empezar un provolone con bacon y verdeo y un ojo de bife (para uno) para compartir con patatas a la provenzal y vegetales asados. Las raciones eran enormes y nos costó 90.000AR$/56€ con dos botellas de agua para beber.
Caminamos un poco hasta Meme´s Cakes para tomar un café y salimos hacia El Calafate, no queríamos pillar el atardecer en la carretera ya que hay más peligro de choques con guanacos a esas horas.

Cuando salimos del pueblo, aprovechamos para poner gasolina. En la vuelta tuvimos que tener cuidado con unos cuantos guanacos que se nos fueron cruzando por la carretera, pero a parte de eso fue más tranquila que a la ida, casi no nos encontramos con ningún coche.
Llegamos al hotel a las 17:30 y en diez minutos ya estábamos en la piscina climatizada. Los dos días habíamos estado completamente solos en la piscina y en el resto del hotel, nunca supimos si éramos los únicos huéspedes o había alguien más alojado.
Después del baño, salimos a recorrer el centro sobre las 18:30 aprovechando que todavía quedaba una hora y pico de luz natural. La Avenida del Libertador y un par de calles más hacia el norte tienen muchos restaurantes y cafeterías, hay un par de supermercados, tienda de vinos, librería, muchas tiendas de souvenirs y varias tiendas de chocolates y bombones (esto es un buen ejemplo de lo golosos que son los argentinos). Recorrimos la arteria principal de arriba a abajo entrando en varias tiendas y visitando un pasaje lleno de puestos de artesanos y souvenirs.
Las tiendas cierran bastante pronto así que para no cenar a las siete de la tarde nos tomamos primero una limonada en Viva la Pepa, un sitio con carta de meriendas con crepes, cócteles y refrescos naturales.


Nos volvimos a Buenos cruces a cenar, nos había gustado tanto que no tenía sentido no repetir. A media tarde habíamos reservado a las 20:30. Al entrar, los camareros nos saludaron y nos dijeron que se alegraban de vernos, que pocas veces la gente volvía porque venía una noche y se iba y que les hacia ilusión que repitiésemos. Ns pusieron en una mesa de 4 en un lado tranquilo del pequeño local y pedimos la comida: polenta crocante con verduras asadas y mozzarella, panzotti de bondiola con bechamel a las finas hierbas, espagueti verde con crema de pimienta negra y huevo poché, y de postre tiramisú, volvimos a pedir limonada de jengibre y lima para beber.
Antes de servirnos vimos que se había quedado una mesa para dos libre y entró un grupo de cuatro al que no podían sentar y les ofrecimos cambiarnos nosotros a la pequeña para que pudiesen aprovechar la grande. Nos dijeron que nos invitaban a l postre por ser tan simpáticos, literalmente. La cena fueron 88.000$/50€ y salimos con ganas de volver allí alguna vez.

Al día siguiente volvíamos a cambiar de zona del país, nada más y nada menos que al norte, y tocaba madrugar mucho de nuevo, así que no nos entretuvimos y nos fuimos directos al hotel.


